Cuando la fragilidad de las estructuras antiguas se cruza con la falta de medidas preventivas en las faenas de construcción, la vida humana queda pendiente de un hilo, recordando que la seguridad laboral y la inspección urbana no deben ser nunca una opción postergable.
Momentos de profunda tensión se vivieron este martes en la segunda cuadra de la calle teniente César López, tras el desplome repentino de una pared de adobe que dejó a un trabajador de construcción civil atrapado parcialmente entre los escombros. El accidente, que también afectó a una mujer que transitaba por las inmediaciones, volvió a encender las alarmas sobre el peligro latente que representan las edificaciones antiguas y deterioradas en zonas de alta circulación peatonal de la ciudad.
De acuerdo con la información preliminar, el obrero identificado como Alfonso Capuena Tapullima, de 39 años, se encontraba realizando labores de construcción cuando la estructura cedió sorpresivamente, sepultando parte de su cuerpo bajo los pesados bloques de tierra y barro. El fuerte estruendo movilizó de inmediato a los vecinos y transeúntes, cuya rápida reacción y solidaridad permitió retirar los materiales pesados y liberar con vida al trabajador antes de la llegada formal de los rescatistas. Tras recibir los primeros auxilios, Alfonso Capuena Tapullima fue evacuado de urgencia al Hospital Santa Gema de Yurimaguas, donde quedó internado bajo evaluación médica, mientras que las autoridades evalúan la situación de la segunda persona afectada, de quien aún se aguarda un reporte oficial sobre su estado de salud.

El colapso de esta infraestructura pone nuevamente sobre la mesa la falta de condiciones de seguridad en zonas urbanas de tránsito frecuente expone a diario a los ciudadanos a riesgos innecesarios que pueden derivar en consecuencias fatales. La nota deja abierta una interrogante ineludible sobre la responsabilidad en la prevención de riesgos.
Proteger la vida de quienes construyen nuestras ciudades exige un compromiso firme entre los municipios, los empleadores y los propios ciudadanos, entendiendo que ninguna obra justifica poner en peligro la integridad humana.Por: Segundo Chuquipiondo



