Por Kuri Anka
Este mes, la Planta de la Vida me enseñó una frase: «Devuelvo a cada quien lo suyo». Pocas veces la política camina en armonía con lo que dice el territorio. Esta semana fue una de esas.
El diputado por San Martín, Arturo Alegría, preside la Comisión de Medio Ambiente. Dijo que hablar de cuidar el ambiente está de moda y suena romántico, pero que las diferencias aparecen al aterrizar. Afirma que la lucha ambiental ha sido ideologizada y que la deforestación seguirá mientras los agricultores no tengan títulos.
Aterricemos, entonces. El Ceplan muestra que casi la mitad de la deforestación ocurre en bosques sin derechos asignados. Pero el tipo de derecho importa: en las áreas naturales protegidas solo ocurre el 3,5%, y en las concesiones de conservación, el 1%. Las comunidades nativas, aun tituladas, concentran el 16,5%, porque el narcotráfico y la coca entran donde el Estado no llega.
Un título no detiene la motosierra si nadie enfrenta a quien la empuña. Y titular el bosque recién tumbado como chacra es premiar el fuego.
El diputado pide un ordenamiento real y un marco normativo potente. Coincido. Ese marco tiene nombre: una zonificación ecológica y económica junto a otros instrumentos vinculantes, que digan dónde se titula, dónde se produce y dónde el bosque se queda. Eso es devolver a cada quien lo suyo.
Si las políticas no han servido, hoy él preside la comisión que puede cambiarlas.
Dijo que sacaron sus palabras de contexto. Las leí completas: no fue así. Esa es la moda que le incomoda: hablar del bosque es bonito, pero ordenarlo obliga a que el propio Estado diga que no. No a la chacra en tierra forestal, no al tráfico de tierras, no a la economía ilegal. Eso no es romanticismo, diputado, ni tarea de las organizaciones que financian proyectos focalizados. Es lo que el territorio le pide al gobierno de su partido, y a la comisión que usted preside y que hoy necesita actuar con urgencia.



