El deterioro de las reservas de agua obliga a las autoridades y comunidades de las zonas declaradas en alerta avigilar los ríos, proteger las fuentes de agua, prevenir incendios y evitar el desperdicio, especialmente ante posibles periodos secos. La advertencia internacional plantea una tarea inmediata: anticiparse a la escasez antes de que se convierta en una emergencia.
Los ríos del mundo atravesaron en 2025 uno de sus periodos más secos de las últimas tres décadas y media, con 36 % de las cuencas registrando caudales por debajo de lo normal, según un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El organismo advierte que las reservas de agua dulce, como las aguas subterráneas, lagos, nieve, humedad del suelo y glaciares, llevan cerca deuna décadadisminuyendo, mientras los caudales presentan comportamientos cada vez más irregulares.
Esta situación también constituye una señal de alerta para regiones amazónicas como San Martín, donde los cambios en las lluvias y en el comportamiento de los ríos pueden afectar el abastecimiento de agua, la agricultura, la ganadería, los ecosistemas y las actividades económicas de las poblaciones asentadas en las cuencas.

La OMM señaló que, por séptimo año consecutivo, los ríos con caudales considerados normales fueron una clara minoría. Celeste Saulo, secretaria general de la organización, sostuvo que no se trata solamente de un mal año, sino de una señal persistente que se extiende durante una década. El informe también revela que en 2025 casi dos tercios de los pozos monitoreados se encontraban fuera de sus niveles históricos habituales, con un balance inclinado hacia el déficit. A ello se suma la pérdida de aproximadamente 408 gigatoneladas de hielo de los glaciares durante 2025, mientras que entre 2023 y 2025la pérdida acumulada llegó a unas1.400 gigatoneladas.
ParaSan Martín y la Amazonía, este escenario refuerza la necesidad de que las autoridades locales y regionales, junto con las comunidades, actúen antes de que una reducción de las lluvias o de los caudales genere impactos mayores.
En las zonas declaradas en alerta, resulta fundamental monitorear diariamente los niveles de los ríos y quebradas, proteger cabeceras y fuentes de agua, reforzar los sistemas de vigilancia, preparar reservas para consumo humano y agricultura y evitar actividades que deterioren las riberas y bosques.

La población también puede contribuir mediante el uso responsable del agua, la prevención de incendios forestales, la protección de quebradas y manantiales y la comunicación inmediata de cambios inusuales en los ríos. El informe de la ONU y la OMM no atribuye todos los cambios exclusivamente al cambio climático, pues también intervienen la variabilidad natural y la presión humana sobre los recursos hídricos. Sin embargo, advierte que los gobiernos ya no pueden planificar suponiendo que las condiciones del pasado se mantendrán.
La advertencia debe convertirse en prevención y organización. El agua que hoy parece abundante puede ser la reserva que mañana sostenga a nuestras comunidades; protegerla no es una opción, es una responsabilidad compartida.



