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CASA DE LA CULTURA: ACCESO LIBRE A LA CULTURA UNIVERSAL EN SAN MARTIN

“Cada grupo humano coherente tiene su forma de subvenir a la necesidad común de crear y poseer un universo cultural propio, y que afirme la peculiaridad de su cultura, pero que, a la vez, no debe perder la universalidad para evitar convertirse en un mundo cerrado sobre sí mismo, con su propia razón de ser y un orden ético particular, que le pueda hacer caer en fanatismos y sectarismos.”

Estos visionarios pensamientos del Maestre Dr. David Juan Ferriz Olivares, reconocido como “Maestro de la Cultura Universal” por el Instituto Nacional de Cultura del Perú (hoy MINCUL) marcan para siempre un ideal y derrotero que orienta a todos los grupos humanos hacia una mayor conciencia y trascendencia de su identidad, vida y misión.

Muestra de ello es nuestro grupo humano llamado “sanmartinense” que es coherente (relacionado, vinculado, ligado, adaptado) con valores tradicionales integrados en lo que se llama “su cultura” (ejemplo, fiestas patronales, música típica, literatura, tradiciones orales, artes plásticas, comidas, temáticas etc.) y, en un círculo más amplio, lo llamado “peruano”. Estos elementos que conforman su “peculiaridad” son, sin duda alguna, dignos de ser preservados con diligencia y presentados ostensiblemente (máxime que ahora se entronizan conceptos como “glocalizacion” y “apropiación cultural”).

SIN EMBARGO, ello no debe ser un disfraz para la comodidad, pereza mental o miedo a “surcar otros mares” y “explorar otros mundos” o ámbitos de saberes del globo. Por eso, el autor citado recomienda que no debemos “perder la universalidad” ni convertidos en espacios cerrados sobre sí mismos, fanáticos y sectarios (chauvinistas regionalistas) pues eso revela un nocivo egocentrismo y complejo de superioridad (mecanismo de defensa que oculta y compensa profundos sentimientos de inferioridad o insuficiencia) causado precisamente por nuestra falta de CULTIVO (cultura verdadera y universal).

Para esta carencia o limitaciones mentales y emocionales largamente arraigadas se impone perentoriamente la actitud de abrir nuestro ser hacia el universo o los diversos mundos culturales, en otras palabras: la cualidad propia del HOMBRE UNIVERSAL:

“He comido nidos de golondrinas, plato favorito de los chinos; he gustado el mechoui de Arabia; he encontrado muy buen sabor en el cuclillo de Africa del Norte; aún saboreo el queso indígena de la América Central y he almorzado con las arepas de maíz de Venezuela.”

Se deduce pues, una indispensable adaptación de esa cultura degustativa y culinaria a TODO SABER en general o como bien decía el sabio Julian Huxley, citado por el Dr. David Juan Ferriz Olivares:

«SI HA DE QUEDAR MEMORIA DE MÍ, ESPERO QUE NO SEA FUNDAMENTALMENTE POR MI OBRA CIENTÍFICA ESPECIALIZADA, SINO COMO ‘GENERALISTA’, COMO ALGUIEN A QUIEN, PARAFRASEANDO Y AMPLIANDO LA FRASE DE TERENCIO, NADA QUE SEA HUMANO Y NADA QUE EXISTA EN LA NATURALEZA LE ES AJENO»

Pese a todas estas luces de baluartes universales, siempre surge el poderoso inconsciente (“el mayor enemigo del hombre”) que nos condena a los atavismos acostumbrados:

“(…) preferimos ignorar todas estas cosas, que no pertenecen a nuestro pequeño mundo, limitado a nuestro país, nuestra colectividad, nuestra iglesia, nuestra familia y a nosotros mismos.”

“Está en las costumbres de siempre, interpretarlo todo conforme a la propia manera de ver las cosas (las cosas del propio dominio) ¡conforme a los “propios” puntos de vista! Reflexiónese con frecuencia que hay millones de individuos que piensan de modo muy diferente la mayoría de las veces. Así, pues, pertenecer a la MAGNA FRATERNITAS UNIVERSALIS es en primer lugar abandonar estos modos de ver las cosas (…) superar este egocentrismo que caracteriza al ser humano. Se tiene que hacer consciencia de que hay Dios, Universo, Humanidad, un cierto grado de colectividad, relaciones, conocimientos, amigos, vecinos y, finalmente, uno mismo. Este “YO”, ¡ay! está colocado casi siempre en el primer lugar, junto con todo el sistema arquetipo – macrocosmo – microcosmo, pero con la presunción de supeditarlo también. Como si el “YO” fuera lo primordial, como si nuestro “personaje” constituyera el principal atributo y como si todo debiera referirse a él supeditándosele, cuando este “yo” debe justamente referirse en último lugar, a todo el resto del sistema a que pertenece.”

“La pérdida de la intelectualidad priva al ser humano de sus relaciones con lo universal; en ausencia de facultades idealísticas o de dones supra- individuales, el hombre no tiene más acceso a la morada del Principio Divino, el dominio de la Gran Causa le está cerrado.

Entregado a sus propias posibilidades que son extremadamente limitadas, no reaccionando más que por las sensaciones corrientes, el hombre se construye un universo limitado, en proporciones más que restringidas, en un sentido muy incompleto.”

Termina lapidariamente esta idea dando cuenta que las obras artísticas producidas bajo esa limitación mental y cultural no son más que una “REPRODUCCIÓN MATERIAL INTRÍNSECA Y OBJETIVA DE UNA DE LAS PERCEPCIONES Y ESTO SE REALIZA SOBRE UN PLANO DEL TODO COMÚN.”

Por ello, la CASA DE LA CULTURA Dr. DAVID JUAN FERRIZ OLIVARES de la Magna Fraternitas Universalis, como Institución Cultural Mundial, constituye, desde hace veintiún años ya, ininterrumpidamente y por antonomasia, la puerta abierta a la cultura universal que ha beneficiado a miles de personas en nuestra región San Martín con esa VISION DE VIDA que trasciende fronteras de tiempo y espacio, permitiendo ensanchar los horizontes del Saber para dejar atrás regionalismos estrechos que ocultan la timidez defensiva de nuestros complejos psicológicos, y salir de la zona de confort o mundo acostumbrado.

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