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Del Centralismo a la Gran Plataforma Transpacífica: Hacia un Nuevo Qhapaq Nan Amazónico

La Amazonía y San Martín no pueden seguir siendo meras rutas de tránsito para la extracción extranjera; el país urge de una soberanía territorial que articule el desarrollo amazónico con el Brasil y la costa.

El Perú ha sufrido históricamente un proceso de involución territorial. Mientras el Tahuantinsuyo concibió una red de integración continental a través del Qhapaq Nan, articulando valles, costa, sierra y ceja de selva con el Cusco como eje equilibrado, la colonia y la república consolidaron un modelo extractivista concentrado en Lima-Callao. Este centralismo asfixiante dejó a la Amazonia desconectada, a la sierra fragmentada y a las ciudades del interior sin dinamismo económico. Hoy, ante hitos geopolíticos como el puerto de Chancay, el nuevo aeropuerto Jorge Chávez y los proyectos de tren y carreteras bioceánicas, el gobierno de turno enfrenta la encrucijada histórica de superar este encogimiento mental e institucional para erigirse como una verdadera plataforma amazónica sudamericana y transpacífica.

La advertencia lanzada por Santiago Roca, profesor-investigador de CENTRUM PUCP y miembro del G12, en su columna «Perú: de país encogido hacia Lima, a plataforma del Pacífico» – publicada en el diario La República -, señala que el gran peligro actual radica en concesionar la geografía nacional como un terreno baldío. Con megaproyectos estructurados bajo reglas laxas, existe el riesgo de que la mayor renta geográfica sea capturada exclusivamente por operadores extranjeros, navieras y capitales externos sin dejar transferencia tecnológica ni empleo cualificado para los peruanos. Frente a esto, se propone una nueva doctrina de gobierno territorial inspirada en las propuestas del libro Propuestas para Gobernar el Perú 2026-2031 de Juan de Dios Guevara y Santiago Roca, titulado «Perú el empalme estratégico: nacimiento industrial e integración soberana».

Para la región San Martín y toda la cuenca amazónica, esta transformación exige detonar nodos productivos estratégicos y corredores logísticos firmes. El eje prioritario de integración que conecta a Brasil con la Amazonía, pasando por Tarapoto, Yurimaguas, Pucallpa e Iquitos, debe configurarse como el motor de la bioeconomía y el intercambio comercial bioceánico. Junto con los nodos del sur como Arequipa, Cuzco y Puno (en su enlace con Bolivia y Brasil), y los del norte como Bayóvar y Piura, el país requiere descentralizar su aparato productivo. Esto implica exigir que cada concesión portuaria, férrea o de cabotaje obligue a la formación de tripulaciones locales, el uso de astilleros nacionales, la apertura de Zonas Económicas Especiales (ZEE) y la reinversión directa en el desarrollo regional. El objetivo supremo no es albergar enclaves extranjeros en el suelo patrio, sino convertir al Perú en el auténtico hub soberano de Sudamérica.

«No se puede seguir concesionando geografía como si fuera un terreno baldío; el fin supremo no es que operen potencias en nuestro suelo, sino que el Perú sea el articulador soberano de su propio destino transpacífico y amazónico.»Santiago Roca. 

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