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Del poder al abismo: Los partidos que controlaron el Congreso 2021 hoy rozan la desaparición política

La elección de 2026 no solo redefine el nuevo Parlamento bicameral, sino que también pasa factura a las agrupaciones que protagonizaron años de crisis, pactos y desgaste político. El país enfrenta el reto de no retroceder y construir una representación más sólida y responsable.

La nueva configuración política del Perú empieza a mostrar una señal contundente: varios de los partidos que dominaron el Congreso elegido en 2021 hoy se encuentran al borde del colapso electoral. Lo que durante cinco años fue un bloque con capacidad para definir mesas directivas, censuras y alianzas, ahora enfrenta el veredicto ciudadano en las urnas.

En la lista de los más golpeados figuran Alianza para el Progreso (APP), Podemos Perú, Perú Libre, Avanza País, Acción Popular y Somos Perú, organizaciones que fueron protagonistas del último quinquenio legislativo y que hoy registran una drástica caída en su respaldo ciudadano.

El caso más emblemático es APP, que en 2021 logró 15 curules y se consolidó como una de las fuerzas más influyentes del Parlamento. Su participación fue clave en negociaciones y acuerdos políticos; sin embargo, la falta de una agenda clara y de identidad programática terminó pasándole factura, siendo percibido como un partido enfocado en el acomodo político más que en responder a las demandas del país.

El desplome no es aislado. Acción Popular (16 escaños), Perú Libre (37 curules), Avanza País (7), Podemos Perú y Somos Perú (5 cada uno) también forman parte del bloque castigado por el electorado. En conjunto, estas seis agrupaciones sumaron 85 curules en el Congreso de 2021, una mayoría determinante en uno de los periodos más tensos e inestables de la vida republicana reciente.

La magnitud de la caída refleja el agotamiento de un modelo de representación basado en la fragmentación y el cálculo político, más que en proyectos consistentes. Aunque acumularon poder e influencia, no lograron traducir ese peso en legitimidad ante la ciudadanía, profundizando la brecha entre el Parlamento y la población.

El escenario que se abre plantea nuevas interrogantes. El espacio que dejan estas organizaciones será ocupado por nuevas fuerzas políticas, pero ello no garantiza una mejora automática. Existe el riesgo de repetir las mismas prácticas: partidos sin estructura sólida, con liderazgos débiles y visión limitada, que emergen en campaña pero no sostienen una representación efectiva.

El desafío se vuelve mayor con el retorno de la bicameralidad. La instalación del nuevo Senado y la Cámara de Diputados exigirá liderazgos más preparados, cuadros técnicos y mayor capacidad de diálogo político. El próximo Congreso no solo deberá legislar, sino también reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones.

Lo que está en juego no es solo el recambio de bancadas, sino la posibilidad de construir una representación más estable, madura y eficiente. La lección es clara: el Perú no puede retroceder; necesita corregir errores y avanzar con responsabilidad para evitar repetir un ciclo de improvisación e inestabilidad.

Fuente: Vigilante.pe

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