La nueva alerta del ENFENconfirma que el fenómeno climático podría prolongarse hasta el verano de 2027. Más allá del pronóstico, la verdadera prueba será la capacidad de las autoridades para convertir la prevención en una política permanente que proteja vidas, infraestructura y ecosistemas amazónicos.
La confirmación de que el Fenómeno El Niño Costero continuará desarrollándose durante los próximos meses y podría extenderse hasta el verano de 2027 vuelve a encender las alertas en el país y, especialmente, en la región amazónica, donde los efectos del cambio climático suelen amplificarse por la vulnerabilidad del territorio. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno «El Niño» (ENFEN) decidió mantener el estado de «Alerta de El Niño Costero», al estimar que el evento alcanzará una magnitud fuerte hasta octubre y posteriormente disminuirá a moderada, mientras que el fenómeno en el Pacífico ecuatorial central también evolucionaría con intensidad entre agosto de 2026 y febrero de 2027.

Aunque el informe centra buena parte de su análisis en el comportamiento del océano Pacífico y la costa peruana, sus implicancias alcanzan directamente a regiones amazónicas como San Martín, donde históricamente la alteración de los patrones climáticos se traduce en lluvias intensas, incremento de caudales, deslizamientos de tierra, inundaciones, erosión de riberas y daños a la infraestructura vial y agrícola. La experiencia de los últimos años demuestra que la Amazonía no permanece ajena a los grandes eventos climáticos que se gestan en el océano.
En San Martín, donde gran parte de la población vive cerca de quebradas, ríos o laderas inestables, un escenario de precipitaciones superiores a lo normal puede agravar la situación de numerosos centros poblados. Casos recientes como los deslizamientos registrados en la provincia de El Dorado, las afectaciones en la cuenca del río Sisa, las emergencias recurrentes en El Bajo Huallaga, Lamas, Moyobamba, Picota, Bellavista, Huallaga y otros sectores de la región evidencian que el riesgo ya existe y que un fenómeno climático de mayor intensidad podría incrementar considerablemente las pérdidas económicas y sociales.
Las consecuencias también alcanzarían a la producción agrícola, principal motor económico regional. Cultivos como café, cacao, arroz, maíz, plátano y palma aceitera podrían verse afectados por excesos de humedad, aparición de enfermedades, pérdida de caminos vecinales y dificultades para sacar la producción hacia los mercados nacionales e internacionales. Del mismo modo, la interrupción de carreteras y puentes pondría en riesgo el abastecimiento de alimentos y combustibles para numerosas localidades amazónicas.

La preocupación también alcanza a los ecosistemas. Las lluvias extremas favorecen procesos de erosión, sedimentación de ríos, deterioro de bosques ribereños y pérdida de biodiversidad. En una región donde la deforestación, la ocupación desordenada del territorio y la expansión urbana sobre zonas de riesgo ya representan serios problemas, un evento climático intenso puede acelerar procesos de degradación ambiental que tardarán años en revertirse.
Frente a este panorama, el propio ENFEN exhorta a los tomadores de decisiones a utilizar los escenarios de riesgo para adoptar medidas orientadas a la reducción del riesgo de desastres, fortalecer la preparación frente a peligros inminentes y seguir estrictamente la información oficial emitida por el organismo y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SINAGERD).
Para San Martín, ello implica acelerar una serie de intervenciones preventivas que no pueden seguir postergándose. Entre ellas destacan la descolmatación de ríos, quebradas y canales, el reforzamiento de defensas ribereñas, la limpieza permanente de drenajes urbanos, la estabilización de taludes en carreteras, el mantenimiento de puentes, la identificación y reubicación progresiva de familias asentadas en zonas de alto riesgo, así como la actualización de los mapas de peligros y los planes de contingencia de los gobiernos locales y del Gobierno Regional de San Martín.
También resulta indispensable fortalecer los sistemas de alerta temprana, realizar simulacros comunitarios, garantizar el funcionamiento de almacenes de ayuda humanitaria, asegurar maquinaria disponible para atender emergencias y promover campañas permanentes de educación ciudadana para que la población conozca cómo actuar frente a inundaciones o deslizamientos.

Cada temporada de lluvias vuelve a demostrar que muchas de las pérdidas humanas y materiales no obedecen únicamente a la fuerza de la naturaleza, sino también a decisiones que permitieron la ocupación de quebradas, fajas marginales y laderas inestables. La prevención comienza evitando que nuevos asentamientos se establezcan en áreas de peligro y ejecutando proyectos de reubicación donde el riesgo ya resulta irreversible.
El pronóstico difundido por el ENFEN constituye, más que una advertencia meteorológica, una oportunidad para actuar con anticipación. La región aún dispone de algunos meses antes del inicio de la temporada más intensa de lluvias para ejecutar obras preventivas, fortalecer la coordinación entre instituciones y preparar a la población. Si las acciones se limitan a responder cuando ocurran las emergencias, los costos económicos y sociales volverán a ser elevados. Pero si la prevención se convierte en una prioridad sostenida, San Martín estará en mejores condiciones para enfrentar un fenómeno natural que, según las proyecciones oficiales, seguirá acompañando al país hasta bien entrado el 2027.



