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lunes, julio 15, 2024
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El Perú pierde en promedio cada año unas 150 000 ha de bosques amazónicos.

Todos contra los bosques

Por: José Álvarez Alonso

Las causas principales son bien conocidas: ampliación de frontera agrícola (incluyendo para cultivos ilícitos) y minería ilegal. Ya no se trata de grandes empresas como hace unos años (las que impulsaron proyectos de monocultivos de palma aceitera y cacao, especialmente), sino pequeños agricultores que talan menos de cinco hectáreas en promedio al año, especialmente para cultivos comerciales como café, cacao, palma, papaya, maíz y pastos. Una excepción la constituyen los Menonitas, que, aunque no son una gran empresa, trabajan asociados y han talado sin autorización más de 2 000 hectáreas en Ucayali, incluyendo bosques reclamados por comunidades indígenas.

Aunque hay sectores públicos que impulsan diversas acciones para conservar los bosques (el MINAM a través de su Programa Nacional de Conservación de Bosques para el Cambio Climático, y varios proyectos de cooperación, y el MIDAGRI a través del SERFOR), el Estado no está enfrentando de forma decidida esta tremenda sangría que vulnera diversos compromisos internacionales del Perú. Numerosos proyectos públicos amenazan los bosques, especialmente proyectos viales sin suficiente sustento técnico ni menos estudio económico de costo beneficio, y proyectos agrícolas sin sustento técnico y condenados al fracaso. Estos proyectos responden a una visión anacrónica del desarrollo amazónico, que ignora su real potencialidad y los varios factores limitantes que lastran la agricultura amazónica, y desconocen los derechos y las necesidades reales de las poblaciones indígenas. A eso se suma la construcción de carreteras que impulsan muchos municipios sin ningún tipo de proyecto ni menos estudio de factibilidad o impacto ambiental. Detrás de este tipo de obras ilegales, que muy raramente son sancionadas, suelen estar mafias de traficantes de tierras, mineros, taladores o cultivadores de coca.

La modificatoria de la ley forestal aprobada por el Congreso de la República justamente responde a intereses no tan santos, como diversos grupos y medios de comunicación han puesto de manifiesto. Aunque existe efectivamente una problemática en la informalidad de numerosos posesionarios de larga data de predios rurales que el Estado debería solucionar con urgencia, la aplicación de esta norma constituye una grave amenaza para los bosques amazónicos.

La deforestación no es solo un tema de violación de compromisos del Perú: afecta seriamente a las poblaciones amazónicas, y especialmente a las indígenas, que viven en y de los bosques, pues buena parte de su economía y seguridad alimentaria dependen de los recursos y servicios que proveen los bosques y los ecosistemas acuáticos asociados. Por poner un ejemplo que no se suele mencionar: los recursos hidrobiológicos, especialmente los peces, constituyen la principal fuente de proteínas y grasas para la población rural, y buena parte de la urbana. Esta fauna acuática colapsaría si se degradasen los bosques, ya que la mayor parte de las especies de peces, tortugas acuáticas y otra fauna asociada se alimentan de los frutos, insectos y detritus de los bosques, sea durante la inundación anual o en los márgenes de los cuerpos de agua.

Con motosierra al hombro, maderero se adentra al bosque.

Las comunidades indígenas saben de la importancia de sus bosques y por eso cada vez están luchando con mayor energía contra las amenazas externas. Ahí está la cuota de defensores ambientales asesinados, que sigue incrementándose año tras año, sin que parezca importarles mucho a las autoridades.

Pero los enormes beneficios que proveen los bosques amazónicos alcanzan no solo a la población amazónica, sino a todo el Perú. Los bosques regulan el clima y proveen la mayor parte de la humedad que hace posibles las lluvias en la Sierra peruana, y por tanto a la Costa desértica, que se abastece de los ríos con nacientes en los Andes. Si los bosques amazónicos se siguen degradando al ritmo actual, el Perú sufrirá con mayor frecuencia sequías y otros eventos climáticos extremos. Proteger los bosques amazónicos debería ser una cuestión de seguridad nacional.

Lo más triste es que la mayor parte de las áreas deforestadas, luego de unos pocos años y de unas cosechas realmente magras, pierden rápidamente su escasa fertilidad, se compacta el suelo y terminan siendo abandonadas. Se calcula que más de dos tercios de las más de 10 millones de ha deforestadas que hay en Perú están degradadas y en abandono. Es decir, los bosques fueron talados por gusto. Si los que los talaron tuviesen que pagar las externalidades de esta tala (por la pérdida de bienes y servicios que proveen los bosques), no habría rentabilidad alguna en la mayor parte de esas actividades agrícolas.

La esperanza parece provenir de los mercados internacionales. Cada vez más y más compradores de productos amazónicos exigen el certificado de estar libres de deforestación, y pronto seguramente pedirán certificados de huella de carbono. La Unión Europea, mercado para cerca de la mitad de los productos agroexportables del Perú, exige que cualquier producto exportado de la Amazonía demuestre que no fue cultivado o producido en una zona deforestada posteriormente a diciembre del 2020. Se predice que otros países pronto seguirán ese ejemplo, dada la enorme relevancia que la Amazonía tiene para el mundo.

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