Gobernar el riesgo antes de administrar la emergencia. La verdadera prevención empieza hoy: preparar el territorio antes de que lleguen las lluvias y sequías extremas es la clave del desarrollo.
La especialista Marian Buraschi, socia y directora de Libélula, advierte que las nuevas autoridades e instituciones no contarán con el habitual periodo de tolerancia para instalarse, pues la urgencia del entorno exige respuestas inmediatas. Con el inicio de una nueva gestión el 28 de julio, sus primeros 90 días coinciden de pleno con la temporada de lluvias y el mayor riesgo asociado al fenómeno El Niño.
Ante este panorama, es imprescindible gobernar el riesgo antes de administrar la emergencia, trazando prioridades concretas en tres ejes estratégicos para evitar el colapso de la economía y proteger a las poblaciones locales.

En el corto plazo, antes del día 30, el Ejecutivo junto a los gobiernos regionales y municipios deben identificar la infraestructura crítica que no puede fallar, como puentes, carreteras, rutas fluviales, plantas de agua y hospitales. Para el día 60, resulta prioritario garantizar la seguridad alimentaria y la seguridad energética, estableciendo almacenes de alimentos y medicinas, centros de frío con respaldo energético, vías alternativas y albergues con autonomía hídrica y eléctrica. Un impacto severo en la agroexportación o la reducción de la generación hidroeléctrica terminaría disparando los costos de vida de las familias peruana y afectando la rentabilidad del sector agrario.
Finalmente, al alcanzar el día 90, las autoridades tienen el deber de haber transformado la preparación ambiental en inversión territorial y empleo local. Trabajos inmediatos como el mantenimiento de drenajes, limpieza de canales y caminos, recuperación de riberas y construcción de cortafuegos no solo mitigan inundaciones y sequías, sino que protegen actividades altamente vulnerables como la agricultura y la pesca. Construir resiliencia territorial mediante una sólida cartera de seguridad hídrica, infraestructura verde y energías renovables marcará la diferencia entre seguir pagando los platos rotos del desastre o asegurar un verdadero progreso regional.



