Un repudiable atentado contra el entorno natural ha encendido las alarmas y provocado la indignación de la población
La destrucción de casi 40 capironas en la faja marginal del río Mayo evidencia la vulnerabilidad de nuestros ecosistemas y la urgente necesidad de una vigilancia comunitaria implacable frente a la tala clandestina.
Entre el 28 y 29 de mayo de 2026, personas no identificadas aprovecharon el aislamiento del área de Puerto Juan Antonio para cometer un acto de vandalismo ecológico, despojando de su corteza a aproximadamente 40 árboles de capirona en una zona de restauración ambiental a orillas del río Mayo. Los atacantes, presuntamente vinculados a la tala clandestina de cortezas, realizaron profundas incisiones en los troncos que dejaron expuestos los tallos de las plantas. Esta grave agresión perturba el proceso natural de distribución de nutrientes, lo que pone en riesgo de marchitamiento y muerte a las especies afectadas en los próximos meses, amenazando la viabilidad de un espacio emblemático para la Amazonía local.

Este ataque golpea directamente un esfuerzo de rehabilitación ecológica que se ha mantenido de forma constante durante cerca de siete años. El proyecto, ejecutado en la faja marginal del río Mayo, busca mitigar la erosión e inundaciones, recuperar áreas degradadas por la deforestación previa y consolidar un corredor ecológico y turístico vital mediante la siembra de especies autóctonas. Antonio Vela Reátegui, uno de los principales defensores de este espacio, expresó con profunda consternación que detrás de cada ejemplar mutilado existe un sacrificio conjunto de años de labor, inversión financiera y un fuerte compromiso comunitario. Para el activista, cada planta representa el futuro ambiental de la provincia, habiendo sido cuidadas rigurosamente desde sus primeras etapas de crecimiento.
Ante la gravedad de los hechos, integrantes del colectivo M500 (también conocidos como Moyobamba 500) reportaron formalmente la situación ante la Gerencia de Gestión Ambiental de la Municipalidad Provincial de Moyobamba. Como respuesta, la ingeniera Pilar Rodríguez asumió el compromiso de coordinar acciones inmediatas para evaluar técnicamente los daños, intentar rescatar las capironas afectadas e iniciar las investigaciones legales pertinentes. Finalmente, las organizaciones civiles hicieron un llamado urgente a los vecinos de la zona a fortalecer la vigilancia comunitaria, reportar movimientos sospechosos al serenazgo y difundir las alertas en redes sociales, con el objetivo de lograr intervenciones rápidas y asegurar sanciones severas para los responsables bajo el marco de la normativa ambiental vigente.



