Por Willian Gallegos Arévalo
Desde ayer comienza un nuevo proceso de la política peruana, tan violentamente verbal en las redes sociales de este junio de 2026, en donde el apasionamiento político -que se traduce en fanatismo- pone a prueba a todos: desde el ignorantón hasta al más “ilustre” profesor universitario. Porque se ha perdido todo resquicio de decencia.
Las redes sociales son el escenario en donde se realizan las batallas a veces quijotescas, pero mayormente cómicas, donde el vocabulario ha incorporado a nuestro léxico nuevos términos. Y en cuanto a la historia sanmartinense, en la primera mitad del siglo pasado, las pullas se llevaron entre el arevalismo y el reateguismo, con tanta saña, pero no con la virulencia de estos tiempos. Pero es justo reconocer que el reateguismo, hasta donde sabemos, es el grupo que estuvo mejor organizado, antagónico al influyente y poderoso parlamentario, don Víctor Manuel Arévalo Delgado, de reconocido desempeño congresal, y cuyo reinado terminaría en julio de 1962.
En mayo de 1934 se constituye el Comité Unión Regional Reateguista, presidido por don Eulogio Tovar, que integrarían Salomón Bartra Saavedra, Pío San Martín, Humberto Ríos Cárdenas, Alfonso Reátegui Álvarez, Carlos Gustavo Fernández, Salvador Piña Arévalo. Se nombrarían representantes: Julio Garazatúa Tirado (Chazuta), Alberto
Bartra (Juan Guerra), Gregorio Moncada (Shapaja), entre otros distritos. Sin embargo, el movimiento contra el arevalismo se acentúa a comienzos de los años sesenta y ya describimos como acabó todo esto. Se le llamó la lucha contra el caciquismo del senador Arévalo.
Federico Sarmiento Marchese ha investigado bastante la coyuntura de la rivalidad entre las familias Arévalo y Reátegui que, curiosamente, a lo largo de la mitad del siglo XX estuvieron vinculadas. Sarmiento está ligado con la familia Morey y Reátegui. Es justo reconocer que los reateguistas siempre habían estado del lado de las posiciones
reivindicacionistas regionales y apoyaron al movimiento de Cervantes de 1921. Los Arévalo, refiere Sarmiento, estaban del lado de Augusto B. Leguía, como también lo fue don Teófilo Rojas Sánchez, alcalde de Tarapoto 1927-1930, 1938-1939. Cuando Ulises Reátegui Morey era ministro de Fomento y Obras Públicas, suscribe el Decreto Ley Nº 7273 (1931), que crea el Banco Agrícola del Perú durante el gobierno de la Junta Nacional de Gobierno, presidida por David Samanez Ocampo. Dos tarapotinos ilustres, tanto Ulises Reátegui, como Víctor Manuel Arévalo.
Tarapoto, sin embargo, no ha sabido perennizar la memoria de sus hijos más ilustres, tanto de nacimiento, como los que llegaron a hacer patria en esta tierra. Obviamente, este es un tema de responsabilidad de los alcaldes y de sus funcionarios. Pero estos tipos están en otros temas, porque no han entendido sus roles. (Comunicando Bosque y Cultura).



