Por Willian Gallegos Arévalo
Dos exalumnos del glorioso Instituto Nacional Agropecuario Nº 10, de Tarapoto, brillaron la noche histórica de ese domingo 29 de febrero de 1972 cuando el Cultural Juanjui se enfrentó al poderoso equipo arequipeño Deportivo Carsa, que llegaba a esa final de la sexta edición de la finalísima de la Copa Perú con pretensiones de campeón. Esos gladiadores fueron Manuel Fernando Tello Rojas y Eloy Ruíz Trigozo.
La finalísima de la Copa Perú, como alguien señalaría, es parte de un proceso de descentralización del país, que, treinta años después tiene un avance con el gobierno de Alejandro Toledo Manrique. La descentralización del país se iniciaría con el fútbol, siendo uno de sus decisivos impulsores don Víctor Nagaro Bianchi, con la primera “finalísima” de 1977, a cuyo acontecimiento tuve el privilegio de asistir y cuando estos torneos se jugaban con un Estadio Nacional lleno. El diario Última Hora lo denominaría algo así como el torneo del “fútbol macho”.
Los sanmartinenses que estábamos en Lima en ese año esperábamos con expectativa el debut del Cultural Juanjui, pero, muchos de nosotros, sin muchas esperanzas pues el Carsa de Arequipa llegaba con las más altas pretensiones, pues la arequipeña era una liga departamental poderosa con el Melgar, Huracán y el White Star. Los medios de prensa limeños hablaban del equipo sanmartinense como el relleno del torneo. Pero nadie esa noche esperaba la sensación que causaría y es la razón de esta serie que estamos escribiendo.
Radio Revolución tenía un programa deportivo y transmitía fútbol desde el estadio nacional, y ese año de 1972 no iba a ser la excepción de llevar al éter las incidencias de esa finalísima. Raúl Maraví era el narrador del encuentro, Lorenzo Villanueva el comentarista y Hugo Arévalo Garazatúa era el locutor de comerciales y también hacía comentarios. La televisión no trasmitía estos partidos y la radio era el único medio donde podíamos seguir el desarrollo del partido. Maraví sabía darles calor a esas trasmisiones con ese fervor que contagiaba a los radioyentes y ese domingo no sería la excepción. Y no se imaginan cómo vivimos esos momentos que, para muchos de nosotros, sería irrepetible.
Pero lo que hizo el Cultural Juanjui no fue un momento de los comunes que se vive en la sociedad. Fue un proceso integrador pues sus jugadores, además de llenarse de una mística para trascender más allá de esos instantes sublimes, con ese espíritu que trasmitieron a los sanmartinenses nos llevaron a niveles estelares y desde hace más de medio siglo todavía seguimos con esas vibraciones que serán eternas, como lo fue esa noche de febrero de 1972.
Voy a tener que ampliar mi proyecto de la historia del Cultural Juanjui, pues su historia es la de los personajes que hicieron historia. Los que construyeron esa historia deben ser rescatados de las garras del olvido y que sus recuerdos nos animen pues voltear el resultado de un partido que ya se tenía por perdido nos engrandece a todos. Tal vez ahí nació nuestro verdadero cambio. (Comunicando Bosque y Cultura).



