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Incendios forestales en San Martín: prevenir para no convertir la Amazonía en una ruina

Evitar las quemas, proteger los bosques, conservar los suelos y articular esfuerzos entre Estado, productores, privados y organizaciones son acciones urgentes para reducir el impacto de los incendios forestales en San Martín y la Amazonía.

Los incendios forestales ya forman parte de la realidad que enfrenta San Martín y no pueden ser vistos como una amenaza eventual. Así lo advierte el Dr. Dennis del Castillo Torres, director del programa de Manejo de Bosques del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), institución adscrita al Ministerio del Ambiente (Minam), quien sostiene que la prevención debe convertirse en una tarea permanente, especialmente en el campo, donde se originan buena parte de las quemas que terminan convirtiéndose en incendios de grandes proporciones.

Con experiencia en proyectos de desarrollo rural, manejo de bosques y suelos, conservación de la biodiversidad, domesticación y mejoramiento de especies amazónicas y uso sostenible de recursos naturales, Dennis del Castillo Torres habla también desde su experiencia como sanmartinense y agricultor. “No es que se van a presentar incendios forestales; ya tenemos los incendios forestales en San Martín”, advierte. Explica que estos eventos pueden tener causas naturales, pero una parte importante está relacionada con actividades humanas, particularmente con las quemas realizadas en chacras y fundos.

Para el investigador, la primera acción debe ser clara: evitar los incendios antes de que comiencen. La costumbre de quemar hojarasca, limpiar terrenos mediante fuego o preparar chacras con quemas, que antes podía limitarse a superficies pequeñas de una o dos hectáreas, hoy representa un riesgo mayor porque existen extensiones de purmas, pastizales abandonados y áreas degradadas que funcionan como combustible. En época de sequía, esa vegetación seca facilita la propagación de las llamas y puede convertir una quema aparentemente controlada en una emergencia.

Evitemos quemar hojarascas, evitemos quemar chacras”, es el llamado que el especialista dirige especialmente a los hombres y mujeres del campo. No se trata únicamente de proteger el bosque, sino de comprender que las consecuencias afectan directamente a las familias. Un incendio puede destruir áreas productivas, reducir los ingresos, comprometer la alimentación y afectar la biodiversidad de los bosques cercanos. Cuando desaparecen especies de plantas y animales, también se pierden recursos que forman parte de la alimentación y las fuentes de proteína de las poblaciones rurales.

El especialista insiste en que la prevención no puede quedarse en los escritorios de las instituciones.

El mensaje debe llegar directamente a la población del campo. Las campañas tienen que dialogar con agricultores y agricultoras, comprender sus prácticas tradicionales y ofrecer alternativas que permitan actualizar esos conocimientos con herramientas científicas. La prevención debe construirse junto con las comunidades y no únicamente mediante directivas elaboradas desde las oficinas.

Esta necesidad está vinculada con otro desafío: la articulación institucional. En San Martín y la Amazonía existen líderes y actores vinculados con la agricultura, el ambiente, la industria y diferentes actividades productivas. El reto, sostiene Del Castillo Torres, es conseguir que todos trabajen coordinadamente. “Solos va a ser imposible”, resume al referirse a la lucha contra los efectos de los fenómenos climáticos y el cambio climático.

La articulación debe involucrar al Estado, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales, productores, instituciones académicas y población rural. Cada sector tiene responsabilidades distintas, pero todos pueden contribuir a evitar que las quemas se conviertan en incendios forestales y reducir la vulnerabilidad de los territorios amazónicos.

El investigador también pone la mirada sobre los suelos. San Martín ha experimentado una fuerte transformación de su territorio y, frente a ello, considera necesario cambiar determinadas prácticas agrícolas sin perder los conocimientos acumulados por las comunidades. La clave está en actualizar el conocimiento ancestral y respaldarlo con la ciencia.

Una de las explicaciones más sencillas tiene que ver con la cobertura del suelo. Cuando una chacra es quemada, se elimina la vegetación y queda expuesta directamente a la lluvia. Si después ocurre una precipitación intensa, las gotas impactan sobre el suelo desnudo y favorecen la pérdida de sus componentes y nutrientes. En términos científicos, explica Del Castillo Torres, este proceso se conoce como erosión laminar; en el lenguaje cotidiano del campo, puede entenderse como el lavado del suelo provocado por las lluvias.

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