En plena discusión sobre el rumbo de la región, una juventud amazónica organizada levanta la voz para reclamar oportunidades, participación y capacidad de decisión.
En San Martín, una nueva voz empieza a hacerse sentir con más fuerza. No es una voz que pide favores ni espera ser convocada únicamente cuando llegan las campañas electorales. Es la voz de una generación que quiere participar en las decisiones que marcarán su territorio y su futuro.
En Moyobamba, durante el encuentro realizado el 12 de septiembre, jóvenes de distintas sensibilidades pusieron sobre la mesa una demanda que, aunque sencilla en apariencia, tiene profundas implicancias democráticas: “No solo queremos votar, queremos ser escuchados”.
La frase resume mucho más que una inquietud juvenil. Expresa el cansancio frente a una vieja práctica política que suele mirar a los jóvenes como cifras electorales, como destinatarios de promesas o como protagonistas de campañas, pero que pocas veces los incorpora de manera permanente en los espacios donde se toman las decisiones. Esta vez, sin embargo, los jóvenes decidieron cambiar el papel de espectadores por el de protagonistas.
El encuentro fue promovido por la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS Perú), Ikam y el diario Voces, permitieron abrir un espacio de diálogo alrededor de las oportunidades, desafíos y responsabilidades de la juventud amazónica. Allí aparecieron preocupaciones que no pueden ser entendidas como asuntos exclusivamente juveniles, porque en realidad comprometen el futuro de toda la región: la conservación de los bosques, la defensa de las cuencas, la biodiversidad, la educación, la identidad cultural, el emprendimiento y la participación ciudadana.

La juventud que habló en Moyobamba parece tener claro algo que durante mucho tiempo la política ha preferido separar: no puede existir desarrollo verdadero si el progreso económico destruye el territorio que lo sostiene.
Por eso, la conservación ambiental no fue planteada como una barrera para el desarrollo, sino como una condición para que este sea posible y sostenible.
Los jóvenes plantearon la necesidad de proteger las cuencas, conservar la biodiversidad y promover un aprovechamiento responsable de los recursos amazónicos. Pero también reclamaron algo más: que la riqueza natural de la región deje de salir del territorio únicamente como materia prima y que se generen condiciones para transformarla, industrializarla y convertirla en oportunidades para quienes viven en la Amazonía.
La propuesta de impulsar la industrialización de los productos amazónicos adquiere, en ese contexto, una dimensión social. Significa generar valor agregado, fortalecer las economías locales y abrir posibilidades para que los jóvenes puedan emprender y construir sus proyectos de vida en sus propios territorios. La Amazonía, sostienen implícitamente, no debería ser únicamente proveedora de recursos; debe ser también protagonista de la generación de riqueza.
Otro punto sensible fue la titulación de tierras, especialmente para las comunidades nativas. La demanda está vinculada no solo a la seguridad jurídica, sino también a la posibilidad de acceder a mejores oportunidades económicas, fortalecer emprendimientos y desarrollar modelos de economía circular. Detrás de esta propuesta existe una preocupación mayor: que el desarrollo amazónico reconozca los derechos de quienes históricamente han habitado, cuidado y defendido estos territorios.
Pero quizá uno de los mensajes políticos más importantes surgidos del encuentro tiene que ver con la participación. Los jóvenes quieren que el Consejo Regional de la Juventud (COREJU) deje de ser percibido como una instancia distante y pueda convertirse en una herramienta de participación efectiva en las provincias de San Martín.

La demanda llega en un momento particularmente significativo. En agosto, el Gobierno Regional de San Martín aprobó la creación del Consejo Regional de la Juventud San Martín, concebido como un espacio de representación, diálogo, concertación, consulta y participación ciudadana para jóvenes de 15 a 29 años.
Ahora comienza la verdadera prueba. Crear una institución es apenas el primer paso. El desafío será lograr que el COREJU tenga presencia territorial, capacidad de convocatoria y legitimidad entre los jóvenes de las diferentes provincias. Que pueda recoger propuestas, promover vigilancia ciudadana y convertirse en un puente real entre la juventud y el poder público.
“Nosotros también opinamos, tenemos propuestas, necesitamos que nos tomen en cuenta”, afirmó Llarmin García Pinedo, participante del encuentro. La frase podría parecer sencilla, pero contiene una demanda esencial para cualquier democracia: ser reconocido como ciudadano implica también tener derecho a ser escuchado.
Para Martín Arana, líder territorial amazónico de la FCDS, la jornada permitió acercar a los jóvenes con actores vinculados al proceso electoral y generar un espacio para que sus propuestas sean conocidas. “Los jóvenes merecen también ser escuchados y tomados en cuenta”, sostuvo.
La organización anunció que las propuestas serán consolidadas y posteriormente socializadas, con la intención de continuar un proceso de vigilancia ciudadana que permita hacer seguimiento a los compromisos que puedan asumir las futuras autoridades.
Y aquí aparece uno de los aspectos más importantes de esta experiencia: los jóvenes no solo quieren que los candidatos escuchen. Quieren recordarles después lo que dijeron y verificar si cumplieron. Esa es quizá la diferencia entre una juventud utilizada electoralmente y una juventud verdaderamente ciudadana.

La agenda ya está planteada: emprendimientos amazónicos, industrialización, titulación de tierras, conservación de las cuencas, biodiversidad, educación, identidad cultural y descentralización del COREJU. Son propuestas que nacen desde una generación que conoce los problemas de su territorio, pero que también quiere ser parte de las soluciones.
Por eso, lo ocurrido en Moyobamba no debería quedar como una actividad más en el calendario electoral. Debería ser entendido como una señal política y social. Los jóvenes están mirando, están preguntando y están tomando posición.
A los candidatos les corresponde ahora responder. No con discursos preparados, sino con compromisos concretos. Y a las futuras autoridades les corresponderá algo todavía más importante: demostrar que escuchar a la juventud no fue solamente una estrategia para conseguir votos.
Porque una democracia que convoca a los jóvenes únicamente para votar los reduce a electores. Una democracia que los escucha, incorpora sus propuestas y acepta su vigilancia los convierte en ciudadanos protagonistas.
San Martín tiene una generación que quiere participar. Tiene jóvenes que quieren emprender, conservar sus territorios, defender sus cuencas, fortalecer su identidad y construir oportunidades sin abandonar la Amazonía.
El futuro ya está hablando. La pregunta es si quienes aspiran a gobernar San Martín tendrán la voluntad de escucharlo.


