Por las tardes, cuando el sol empieza a esconderse entre los cerros de Lamas, todavía puede verse a doña Lorgia Pinedo Silva sentada en la vereda de su casa, en el jirón Chiclayo cuadra 2, bordando con paciencia mientras conversa con amistades de antaño. A sus 79 años, su mirada conserva la misma firmeza de siempre y su voz —gruesa, potente y decidida— aún retumba como en aquellos años en que el pueblo entero la escuchaba en las reuniones populares.
Doña Lorgia es considerada una de las mujeres más emblemáticas y combativas de la historia reciente de Lamas. Es imposible no recordarla levantando la voz en medio de las asambleas comunales, defendiendo causas populares y exigiendo atención para las necesidades del pueblo. Muchas generaciones crecieron escuchándola. Su presencia imponía respeto y liderazgo, con una personalidad fuerte y decidida que destacaba en una época donde pocas mujeres asumían roles visibles en la vida pública.
Nació el 12 de diciembre de 1946 en el tradicional barrio Calvario, hija de don Lucilo Pinedo, conocido popularmente como “Ecuacho”, y de doña Carolina Silva Panduro. Desde pequeña aprendió el valor del trabajo acompañando a su madre en la cocina, donde descubrió el arte de preparar los sabores tradicionales que hoy forman parte de la identidad cultural lamista.
La gastronomía fue otra de sus grandes pasiones y aportes al pueblo. Vendía juanes, inchicapi y otros platos típicos en las calles de la ciudad, conquistando a todos con su sazón. Durante la celebración del Corpus Christi, su participación era fundamental; organizaba, cocinaba y colaboraba activamente en una de las festividades religiosas más importantes de la provincia.

En las décadas de los años 60 y 70 fue la cocinera predilecta de religiosas y visitantes católicos que llegaban desde España a Lamas. Las monjas le enseñaron nuevas técnicas culinarias y ella convirtió cada aprendizaje en parte de su historia personal y de servicio a la comunidad.
Su espíritu luchador nunca descansó. Participó activamente en numerosos comités pro-Lamas junto a recordadas lideresas como la Madre Carmen. En 1979 integró el Comité de Arte y Cultura de Lamas, iniciativa que marcó el nacimiento del primer museo de la ciudad, dejando una huella imborrable en la preservación cultural de la provincia.
A finales de los años 80 también incursionó como comerciante de artículos para el hogar, demostrando una vez más la fortaleza y capacidad de las mujeres amazónicas para salir adelante frente a cualquier dificultad. Sin embargo, una de sus labores más recordadas fue su participación en el comité de apoyo para la construcción del pabellón del Hospital de Lamas. Gracias al respaldo del gobierno vasco de España, se logró implementar 52 camas hospitalarias, una obra considerada histórica para la ciudad.
“Mi labor siempre fue silenciosa, pero también notable. Quiero dejar un legado a los jóvenes, que participen y lideren iniciativas en favor del pueblo”, comenta doña Lorgia con la misma firmeza que la caracterizó durante toda su vida.
Hoy, mientras el tiempo avanza y nuevas generaciones crecen entre cambios y modernidad, la figura de Lorgia Pinedo Silva permanece como símbolo de coraje, trabajo y amor por su tierra. Su hija Rosita y sus nietos continúan sus pasos, manteniendo vivo el legado de una mujer que nunca dejó de servir a su pueblo.
En este mes de la madre, su historia merece ser contada y reconocida. Porque existen mujeres que no solo crían hijos, sino también comunidades enteras. Mujeres cuya voz guía, cuya lucha inspira y cuya memoria se convierte en patrimonio vivo del pueblo lamista.


