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Más de 1,4 millones de jóvenes no estudian ni trabajen en el Perú

La informalidad juvenil en San Martín alcanza el 89,4%

La inactividad y la falta de oportunidades marcan el presente de miles de jóvenes peruanos, evidenciando profundas brechas de género y estructurales que exigen una respuesta urgente para evitar la pérdida de talento y desarrollo en el país.

Según la última información disponible del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) correspondiente a 2024, más de 1,4 millones de jóvenes peruanos de entre 15 y 29 años no estudian ni trabajan, cifra que representa el 17,4% de este grupo poblacional. Aunque este indicador ha retrocedido tras la pandemia – periodo en el que alcanzó un pico de 26,6% en 2020 frente al 16,8% de 2019 -, todavía no logra retornar de manera sostenida a los niveles previos a la emergencia sanitaria.

Esta condición de «NiNi» engloba tanto a desempleados como a inactivos económicamente, grupo en el que figuran personas dedicadas a labores domésticas o de cuidado no remuneradas.

Las diferencias por sexo son marcadamente desiguales: en 2024, el 23,3% de las mujeres de 15 a 29 años no estudiaba ni trabajaba, una proporción que prácticamente duplica al 11,6% registrado entre los hombres. De acuerdo con el Ceplan, detrás de esta brecha figuran barreras vinculadas a responsabilidades de cuidado, continuidad educativa y acceso a empleos de calidad.

En el ámbito urbano, esta realidad afectó al 23,8% de las mujeres y al 12,3% de los hombres. Para Justo Zaragoza, director de Grupo Educación al Futuro (GEF), permanecer durante periodos prolongados en esta situación reduce las oportunidades de acumular experiencia y desarrollar habilidades esenciales. Ante la incertidumbre sobre qué estudiar, el especialista enfatiza que contar con información oportuna sobre carreras, formación técnica, becas y orientación vocacional es clave para mitigar el problema, aunque no resuelva por sí sola todas las causas de la inactividad.

A nivel regional, el escenario en San Martín presenta particularidades dinámicas pero muy retadoras.

Si bien la Tasa de Actividad Juvenil alcanzó el 68,0% y la Tasa de Ocupación se posicionó en el 63,6%, reportando además un crecimiento positivo del empleo juvenil de entre 3,6% y 5,8% a contracorriente del promedio nacional, la calidad del trabajo es sumamente precaria.

El motor económico regional se sostiene en las actividades extractivas (33,7%) y en los servicios y comercio (29,0%) impulsados por ciudades como Tarapoto, Moyobamba y Juanjuí. No obstante, el desafío más crítico es la informalidad laboral extrema, que trepa hasta el 89,4%, dejando a casi 9 de cada 10 jóvenessin beneficios de ley ni estabilidad.

En cuanto a la relación laboral, el 49,4% de los jóvenes ocupados son asalariados, mientras que el resto se divide entre independientes y trabajadores familiares no remunerados. Las brechas de género también golpean con fuerza en San Martín, donde 7 de cada 10 ninisson mujeres, principalmente debido al impacto del embarazo adolescente y la asimilación prematura de tareas domésticas. Sumado a esto, cerca del 60% de los jóvenes trabajadores cuenta únicamente con educación secundaria completa, y solo dos de cada diezacceden o culminan estudios superiores, perpetuando un círculo de informalidad y baja competitividad.

Reflexiones y recomendaciones

La elevada proporción de jóvenes fuera del sistema educativo y laboral representa una amenaza para el desarrollo del país. No solo implica una pérdida de capital humano, sino también un riesgo de exclusión social prolongada.

Frente a ello, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial – IEDEP -, propone medidas urgentes y coordinadas, como el fortalecimiento de una educación de calidad y accesible, programas de formación técnica, iniciativas para prevenir la deserción escolar, políticas laborales inclusivas y acciones específicas para fomentar el emprendimiento juvenil. También es clave implementar educación sexual integral y reforzar los programas de salud preventiva y financiera.

El desafío de reducir el número de “ninis” no solo es una responsabilidad del Estado, sino también de la sociedad en su conjunto. Invertir en la juventud es apostar por el futuro del país.

Rematar el futuro de nuestra juventud sin atender la precariedad laboral y las profundas brechas de género es condenar al desarrollo del país a caminar con los ojos vendados; cada año sin formación ni oportunidades reales no es solo una estadística en rojo, es un talento que se apaga.

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