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lunes, mayo 27, 2024
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¿Matar o No Matar?

«Inter arma silent leges:En tiempos de gerra, la voz del derecho se enmudece»
(Proverbio Romano)

An opposition demonstrator gives a heart-shaped cutting to a polLa mayoría de personas reconocen una fuerte presunción en contra de la permisibilidad moral de matar a otros; sin embargo, estas mismas personas, creen que en algunas circunstancias tal presunción es invalidada por otras consideraciones morales importantes. A continuación, presentaremos un marco teórico mediante el cual el derecho de guerra puede ser moralmente justificable así como también puede ser moralmente repugnante. Existen dos preguntas fundamentales las cuales deben ser respondidas siempre que se intente presentar un marco teórico referencial del derecho de guerra y su justificación moral: (1) ¿Es, bajo ciertas condiciones extraordinarias, moralmente permisible ejercer el derecho de guerra? (2) ¿Qué es moralmente permisible hacer al ejercer el derecho de guerra?[1] Las respuestas a estas dos preguntas han recibido los nombres de ius ad bellum and ius in bello, respectivamente. La teoría mejor desarrollada y más aceptada con respecto al ejercicio del derecho de guerra y sus aspectos morales es la teoría de la guerra justa. Sin embargo, no es la única teoría y, por tanto, a continuación desarrollaremos estas otras posibilidades teóricas[2]. Una vez desarrolladas tales teorías, es posible dilucidar que, así como lo fue desde que el primer ser humano decidió tratar por necesidad o capricho con su congénere, el carácter y la naturaleza de una acción es, la mayoría de las veces, determinada por el carácter y la naturaleza ética y moral de los involucrados en tal interacción.

1. Alternativas a la teoría de la Guerra Justa

Una manera escolásticamente rigurosa de dilucidar la teoría de la guerra justa es la de situarla entre las dos otras teorías contrarias a la misma. Estas otras teorías son el pacifismo y el permisivismo.

1.1 Pacifismo—La Teoría Restrictiva

El termino pacifismo ha sido utilizado para referirse a una plétora de enfoques adoptadas por una variedad de razones. Dos de tales razones es de importancia es nuestro análisis. La primera razón puede ser denominada pacifismo absoluto—la cual esta cimentada sobre el principio moral que plantea que algunos tipos de asesinatos (sean estos homicidios o guerras) nunca son moralmente permisibles. La respuesta de los pacifistas absolutistas a las dos preguntas antes mencionadas es clara. ¿Existen algunas circunstancias bajo las cuales se pueden ejercitar el derecho de guerra? No, no existe ninguna circunstancia. Tal respuesta hace que la segunda pregunta sea innecesaria.

El argumento en contra de esta forma de pacifismo en particular está usualmente basado en la afirmación que el homicidio es permisible cuando, y sólo cuando, el uso de fuerza es necesario debido al accionar injusto de otras personas pone en riesgo nuestras propias vidas. El uso de fuerza—letal o no—es justificado siempre en cuando esta sea la única manera práctica de evitar o reparar tales injusticias. Es justificado porque no hay nada injusto en hacer que el que sufra daño en un ataque injusto sea el agresor en lugar de la víctima. La segunda forma de pacifismo, la cual puede ser denominada pacifismo con respecto a la guerra moderna, afirma que la situación histórica actual es tal que ninguna guerra podría cumplir con los criterios establecidos para ser considerada como una guerra justa.

1.2 Permisivismo

Existe una pregunta que es usualmente formulada: ¿Es posible aplicar principios morales a la guerra? El proverbio Romano, inter arma silent leges [en tiempos de Guerra, la voz del derecho se enmudece], y su equivalente en Español, “En la guerra y el amor todo vale,” ambos sugieren que, con respecto a la pregunta, no es posible aplicar principios morales en la guerra.

Wasserstrom denomina a este punto de vista nihilismo moral con respecto a la guerra[3]. Tal punto de vista puede ser defendido bajo el argumento que la moral se ocupa de evaluar opciones mientras que la guerra es un asunto de necesidad—mas no así un asunto de opciones. Sin embargo, Walzer señala que cualquier decisión de ejercer el derecho de Guerra es necesaria solamente en el sentido de ser indispensable con respecto a fines designados a priori. Y que la pregunta con respecto a que si es permisible optar por tales fines en un contexto dado es un tema apropiado de la investigación filosófica.

Sin embargo, el nihilismo moral con respecto a la Guerra no es la única teoría permisiva. Lo que se puede denominar la versión permisivista del ius ad bellum sostiene que un estado tiene derecho a ir a la guerra siempre que así lo decida. Tal posición es conocida como la doctrina de Staatsraison (o raison d’état). Una versión permisivista del ius in bello concedería a los poderes beligerantes ( o combatientes individuales) el derecho a hacer lo que sea necesario en un conflicto armado. Tal doctrina es conocida como la doctrina Kriegsraison (or, raison de guerre). Estas doctrinas son, por supuesto, lógicamente independientes. Lo cual nos da tres posibles posturas:

(1) Un estado puede ejercer su derecho de guerra siempre que así lo desee y tiene el derecho a hacer lo que fuere necesario para ganar tal guerra.
(2) Existen solamente ciertas condiciones que justifican el ejercicio del derecho de guerra, pero una vez que tales condiciones se cumplan, un estado puede hacer lo que sea para ganar tal conflicto.
(3) Un estado puede ejercitar su derecho de guerra siempre que así lo desee, pero hay ciertos límites morales con respecto lo que puede hacer para ganar tal guerra.

1.2.1 Permisivismo en la tradición de Hobbes y Clausewitz (o permisivismo total)

La primera versión del permisivismo puede ser obtenida de los escritos de Karl von Clausewitz o Thomas Hobbes. Cada una de las imputaciones es algo conjetural puesto que ninguno de los autores escribió directamente acerca de las preguntas de las cuales nos estamos encargando ahora. En el primer capítulo de Vom Kriege, Clausewitz expone su entendimiento de la naturaleza de la Guerra. La presunción que él acepta la doctrina de Staatsraison se base en un argumento por omisión o silencio. En un pasaje famoso, él sostiene que:

Por tanto, la guerra es la continuación del ejercicio político a través de otros medios. No es un acto meramente político, sino que es un instrumento político. Lo único peculiar acerca de la guerra la característica de los medios que emplea[4].

Si la característica peculiar de los medios empleados tendría de alguna manera que ver con limitaciones morales con respecto al derecho de guerra, ese habría sido un buen momento para así mencionarlo, pero Clausewitz no lo hace. Su respaldo con respecto a la doctrina de Kriegsraison es más explícita:

Almas filantrópicas pueden imaginarse que existe alguna manera de desarmar o deshacerse de nuestro adversario sin mucho derramamiento de sangre……. Por muy agradable y deseable que tal aspiración parezca, es una idea falsa la cual debe ser abolida…No podemos nunca introducir un principio modificador en la filosofía de la guerra sin cometer un absurdo[5].

Hobbes nos ofrece lo que podría servir como un marco teórico referencial con respecto a los puntos de vista expresados por Clausewitz. De acuerdo con Hobbes las naciones se encuentran en un Estado de Naturaleza entre sí. En esta condición: (1) “No existe lo que es mío o tuyo; sino que sólo lo que cualquier hombre puede obtener; y puede tener propiedad sobre ella por tanto tiempo como puede el mismo protegerla…” y (2) “La Fuerza y el fraude son…las dos virtudes cardinales.”[6] El primer aspecto del Derecho Fundamental de la Naturaleza de Hobbes requiere que los que estén en un Estado Natural “buscan y persiguen la paz,” lo cual parece requerir esfuerzos concertados en busca del establecimiento de un gobierno mundial—en lugar de permitir la que los estados comiencen guerras cuando así les parezca. Sin embargo, Hobbes admite que algunas veces la paz es inalcanzable. En esos casos, la segunda parte del mismo Derecho Fundamental de la Naturaleza afirma que la persona (o el gobernante) en el Estado de la Naturaleza “puede buscar, y utilizar, todas las ayudas, y ventajas en la guerra.”[7]

1.2.2 MacArthurianismo o Permisivismo Militar

La segunda versión del permisivismo acepta la doctrina de Kriegsraison mas no así la de Staatsraison. Por tanto, es permisiva con respecto a los medios militares, pero no con respecto a los fines políticos. Esta es quizás la postura del General

Douglas MacArthur, cuyo discurso en Abril de 1951 incluye las siguientes observaciones:

Conozco la guerra como muy pocos hombres la conocen, y nada me parece más repugnante que la guerra. Desde hace mucho he abogado por su abolición…Sin embargo, una vez que nos encontramos forzosamente inmiscuidos en un conflicto bélico, no existe ninguna otra alternativa más que aplicar todo los medios disponibles para llevar a tal conflicto a un final de manera rápida. En la guerra, es cierto, no puede haber substitutos para la victoria[8].

Bajo esta perspectiva, la guerra es el infierno mismo. Por tanto, para establecer un conflicto bélico es necesario tener una muy fuerte justificación moral. Por consecuencia, la doctrina de Staatsraison es rechazada. Aquellos que obliguen a una nación a entrar en un conflicto bélico debido al maltrato injustificado deben ser condenados. Y dado que la guerra es un infierno, es un concomitante lógico que se asuma que se debe hacer justicia y que la paz sea obtenida tan pronto como sea posible. Si ciertos medios (i.e. el bombardeo de Hiroshima) contribuyen a la Victoria, entonces tales medios son permisibles—hasta se podría decir que son necesarios. El rehusar la utilización de medios que acelerarían la victoria es irresponsable dado que tal postura permite que todos permanezcan en el infierno por mucho más tiempo de lo que es necesario. Aceptar la postura antes mencionada, presupone dos cosas. Primero, presupone la dudosa afirmación que el horror de la guerra yace más en su duración que en la naturaleza de los medios que se utilicen en la misma. Presupone la controversial afirmación moral que propone que medios dignos (dignos ya sea con respecto a los objetivos o las consecuencias) justifican, a veces, la utilización de medios moralmente repugnantes.

2. La doctrina de la Guerra Justa

A continuación se presenta en forma resumida los principios de la doctrina de la guerra justa:

Dado que la violencia es indeseable, una guerra justa debe solamente darse en casos excepcionales, es decir, solamente cuando se trate de una guerra defensiva o cuando se intente resarcir de algún daño mayor, o injusticia, a pueblos y grupos humanos que no pueden hacerlo por sí mismos.
Una guerra es una acción que sólo puede ser decidida por un jefe de estado o una autoridad competente.
Una guerra es justa sólo si las metas que se pretenden alcanzar a través de la misma son legítimas, es decir, si se declara con base en una intención correcta o justa.
Una guerra es justa sólo si los fines que se pretenden alcanzar no pueden ser logrados por otros medios.
Una guerra es conducida justamente si además de ser el único medio para lograr ciertas metas legítimas y justas, los medios con los que se ejecutan son proporcionalmente congruentes con los fines que se quieren alcanzar.
Los ciudadanos que deben lealtad a su país tienen el compromiso moral de participar en las guerras que los soberanos o el estado ejecute siempre en cuando esta es conducida de manera justa.
Si las autoridades de un estado soberano emprenden guerras injustas de manera sistemática, los compromisos morales de lealtad de los ciudadanos hacia ese estado se rompen y pueden ser reemplazados por otro tipo de lealtades.
En casos extremos, los ciudadanos pueden tener el derecho moral de ir en contra de las autoridades de su propio estado como una manera de impedir que se persista en una guerra injusta.[9]

Esta doctrina que fue formulada por San Agustín no es sólo el primer esfuerzo por justificar la guerra, es decir, por establecer y cimentar límites morales a tales acciones—si no que también, esta doctrina es muy ambigua y parece haber encontrado, como aun sucede ahora, mucha dificultad entre el establecer tales limites y la obtención de la victoria, estos dos objetivos parecen tener una relación inversamente proporcional[10].

A manera de reflexión final, es importante recalcar que las distintas doctrinas relacionadas con el derecho de guerra y sus concomitantes están todas cimentadas en una presunción que, como lo ha demostrado la sangrienta historia de nuestra existencia humana, es por necesidad lógica muy propensa a ser resquebrajada: tal presunción es que ambas partes envueltas en un conflicto son actores racionales. Es decir que todos los sistemas jurídicos y morales tanto al nivel interno como al nivel supranacional son prácticamente inútiles si las partes no tienen los deseos de someterse a tales marcos jurídicos y morales. Es decir la guerra seguirá siendo un hecho repugnante, pero necesariamente útil; y será menos o más repugnante de acuerdo con el carácter ético y moral y la urgencia e importancia de los objetivos de los involucrados en la misma.

Por Wilter Perez Barrera
Lic. en Ciencias Politicas y Asuntos Internacionales

Bibliografia

[1] Johnson, J.T. Ideología, Razón, y la Limitación de la Guerra. Princeton, Princeton, New Jersey.

[2] O’Brien, Walter La Conducta de Guerras Justas y Limitadas (Praeger, 1983)

[3] Aspectos Morales de la Guerra en Wasserstrom (1970:78-85)

[4] Acerca de la Guerra, Libro II, Capítulo 1, 24., Carl von Clausewitz, traducido por J.J. Graham.

[5] Gat, A., 1991. Los Orígenes del Pensamiento Militar: Del Alumbramiento a Clausewitz . Oxford:Clarendon Press.

[6] Edwards, Alistair (2002) “Hobbes” en La Interpretación de la Filosofía Política Moderna: De Machiavelli a Marx, eds. A Edwards and J Townshend (Palgrave Macmillan, Houndmills)

[7] Hobbes, Thomas (1994 [1651/1668]) Leviathan, ed Edwin Curley (Hackett, Indianapolis)

[8] Habla un soldado: documentos y discursos públicos del General del Ejército de EEUU, Douglas MacArthur

[9] Walzer, Michael ‘Guerras Justas e Injustas’ (New York: Basic Books)

[10] Norman, Richard ‘Etica, Muerte y la Guerra’ (Cambridge: Cambridge University Press,1995).

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