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Orgullo y dignidad de abuelo

Mario Benedetti, publicó en 1989 “Pacto de sangre” relatando la historia de Octavio, un anciano de ochenta y cuatro años que vive fingiendo mudez en casa de su hija. Solo conversa con su nieto Octavio, quien guarda el secreto bajo pacto de sangre.

Sobre el autor

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia González (Uruguay 1920 – 2009) conocido como Mario Benedetti. Escribió más de ochenta libros. Fue premiado con el Gran Premio Nacional a la Actividad Intelectual de su país, más cinco doctorados honoris causa. Vivió exiliado en Cuba de 1975 a 1979 donde publicó dos poemarios: Poemas de otros (1974) y La casa y el ladrillo (1977). En su último libro, Canciones del que no canta, confiesa: “No tuve una vida fácil, francamente”.Falleció a los ochenta y ocho años en Montevideo. Lo velaron en el Palacio Legislativo.

Sobre el cuento

Benedetti, narra la historia de Octavio, un anciano de ochenta y cuatro años que vive en casa de su hija y yerno; confinado entre la cama, una mecedora y los siete pasos que lo separan del baño. Su familia y el médico creen que perdió el habla, pero él voluntariamente dejó de hablar por orgullo y dignidad; conservando la lucidez mental llena de recuerdos para conversar con su nieto, llamado también Octavio, quien guarda el secreto bajo pacto de sangre.

“Pacto de sangre” (extracto del cuento)

“A esta altura ya nadie me nombra por mi nombre: Octavio, todos me llaman abuelo. No hablo, pero yo puedo hablar. Afortunadamente puedo ir al baño por mí mismo, los siete pasos que me separan del inodoro aún puedo darlos. Ducharme no puedo, el enfermero me baña en la cama y cuando me pasa la toalla húmeda y fría por los testículos, siento que eso me hace bien, aunque, claro, ya nadie puede resucitar al muerto. Con mis ojos casi llorosos de vejez veo y recorro las palmas de mis manos que conservan el recuerdo que acaricié cierto pubis de musgo rubio al que yo llamaba mi vellocino de oro (matorral de lujuria) que aparecen tanto en mis ensueños como en mis pesadillas. Cuando yo tenía sesenta años era cualquier cosa menos un anciano. En la cama, si la interlocutora cumplía dignamente su parte en el diálogo corporal, yo cumplía cabalmente con la mía.”

Pacto de sangre con mi nieto

“Con mi nieto, es el único ser humano con el que hablo. Todo empezó cuando Octavio tenía siete años y me escuchó hablar. Entonces le propuse que mantenga el secreto de que yo podía hablar, y yo le contaría cuentos que nadie sabía. Está bien, dijo, pero tenemos que sellarlo con sangre. Con toda tranquilidad me hizo un tajito minúsculo y él se hizo otro, ambos en las muñecas, luego juntamos nuestras heridas mínimas y nos abrazamos.”

Nunca pido nada

“Creo que mi nieto es lo único que me mantiene vivo. Es decir, me mantenía. Porque ayer por la mañana vino y me besó y me dijo, abuelo me voy por quince días a Denver con el tío Braulio. Pero más tarde entró Aldo y me dijo que Octavio no se fue por quince días sino por un año y tal vez más. Me dejó a solas con mi abandono, porque ahora sí que no tengo a nadie con quién hablar. Pero quizá sea lo mejor. Porque ahora sí tengo ganas de morir y no diré ni chau, para que alguna vez se entere Octavio, mi nieto, de que ni siquiera en ese instante peliagudo violé nuestro pacto de sangre. Y me iré con mis cuentos a otra parte. O a ninguna.”

Necesaria reflexión… La tolerancia en la vejez

Si no aprendiste que el más grande valor en la vejez es la tolerancia; pobre de ti, nadie te soportará cuando llegues a viejo. El abuelo no debe ser el impertinente arbitró de vida ajena ni el payaso maquillador de arrugas y canas; debe aprender a mirar, callar y sonreír con ternura. Cuánta razón tienen los clásicos sobre el tema:

  • García Márquez: “El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”
  • Oscar Wilde: “Admiro a los hombres que han pasado de los setenta; siempre ofrecen a las mujeres un amor para toda la vida”.
  • Alberto Cortez: La vejez es la antesala de lo inevitable, el último camino transitable ante la duda: ¿qué vendrá después? / La vejez es la más dura de las dictaduras, la grave ceremonia de clausura de lo que fue la juventud alguna vez.

Fuentes consultadas:

Google. Scribd. http://es.scrip.com
Google. LECTURALIA. http://lecturalia.org
Google. Literatura.us http://literatura.us

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