El campeón del fútbol tarapotino tocó fondo el sábado al caer 3-1 ante Bates FC de Chazuta, un rival que no figuraba entre los favoritos. Sin embargo, más allá del resultado, lo que preocupa es el trasfondo: desorganización, conflictos internos y una dirigencia sin rumbo tras el título.
Fue una tarde para el olvido en el Nuevo Unión Tarapoto. El equipo local fue superado con claridad por un Bates FC ordenado, con estrategia y determinación, dejando en evidencia las falencias del conjunto campeón. El marcador final solo reflejó una crisis que se venía gestando.
La derrota no solo representa un golpe deportivo, sino también una falta de respuesta ante la expectativa de la hinchada, que aún recuerda los logros recientes. La interrogante es inevitable: ¿de qué sirve campeonar si no se puede competir en las siguientes etapas?
Problemas fuera de la cancha
Lo ocurrido sería solo la consecuencia de una situación más profunda. Fuentes cercanas al club señalan que no hubo planificación tras el campeonato, e incluso se habría rechazado el respaldo de un inversionista interesado en fortalecer el plantel.
A esto se suma la salida de jugadores clave hacia un equipo de Shanao, dejando al club sin base, sin recambio y sin identidad futbolística. El resultado fue evidente: un equipo sin reacción, superado en todos los aspectos.
Prestigio en caída
Lo que antes representaba garra y tradición, hoy muestra a un club que vive de sus recuerdos. La derrota ante Bates FC no sorprende a quienes conocen la interna: es el desenlace de una gestión sin planificación ni liderazgo.
El desafío ahora será reconstruir el rumbo, recuperar la confianza de la hinchada y devolverle al Unión Tarapoto el protagonismo que alguna vez tuvo.
Fotografía: Tio Ker



