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martes, junio 18, 2024
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Traficantes de tierra y madera destruyen bosques secos del Huallaga central

Los integrantes de la Asociación de Productores Apícolas del Valle del Biavo, que administran la Concesión para Conservación Chuacullo, sienten que sus vidas corren peligro tras la amenaza que reciben hace mucho tiempo por parte de traficantes de tierras y madera, agricultores que migran y talan los pocos árboles que quedan sin tener en cuenta la necesidad de agua y el habitad de cientos de animales que viven por la zona.

La carretera al Valle del Pavo se abre camino en medio de las 1,925.23 hectáreas de la Concesión para Conservación Chuacullo. Es una carretera ilegal, propiciada sin estudios de impacto ambiental por el gobierno local. La pandemia provocó un incremento de estas amenazas, y quienes resguardan estos bosques están enfrentando riesgos cada vez más graves incluso contra su propia vida.

“Nosotros somos guardianes voluntarios de estos pocos bosques que quedan acá en el Valle del Biavo. De verdad da mucha pena, mucha indignación, mucha impotencia la acción de estas personas, señaló Marvin García Vásquez, quien forma parte de los guardianes voluntarios.

Flor Vásquez, Presidenta de la Asociación dijo que no les sobraba tiempo, pero cuidar el medio ambiente es una obligación, a la gente no le daba pena derribar árboles que tienen más de 30 años, en minutos lo talan.

El representante del Ministerio Público llegó hasta la zona para verificar la situación de los bosques secos y constató la destrucción de hectáreas tras hectáreas.

Las Concesiones para Conservación Chuacullo, El Quinillal, Valle del Biavo, Sangapillal, Ojos de Agua y Bosques del Futuro, resguardan los últimos relictos de bosques estacionalmente secos del Huallaga Central, pero se están quedando como islas, son los últimos bosques generadores de agua y refugios de especies endémicas y únicas como la quinilla, la manchinga, ocelotes, cotomonos, anfibios y muchas más. Este ecosistema único solo existe entre las provincias de Picota, Huallaga, El Dorado y Bellavista, fueron especializados en la década de los 80, en 350 mil hectáreas, hoy solo están protegidos a través de las concesiones para conservación, menos de 20 mil hectáreas, y si no se toma acción rápidamente para frenar su depredación, podrían desaparecer. Esta pérdida sería irreparable.

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