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Un ramplón lambiscón

En 1883 el escritor ruso Chéjov publicó un relato titulado “La muerte de un funcionario” satirizando a esos advenedizos que llegan a funcionarios públicos con apoyo político, convirtiéndose en lambiscones de la autoridad de turno.

Sobre el autor

Antón Pávlovich Chéjov (Rusia 1860 – 1904) maestro universal del relato corto. Escribió importantes obras como: La gaviota (1896), Tío Vania (1897), Las tres hermanas (1901), El jardín de los cerezos (1904). Reflejando la profundidad emocional de los personajes en situaciones cotidianas y sencillas.

Sobre el cuento

La muerte de un funcionario es un relato satírico del servilismo y la sumisión de los funcionarios públicos en la Rusia zarista. En el cuento, Iván Cherviakov (funcionario público) estornuda en el teatro, y al mirar alrededor vio que un alto funcionario sentado delante de él, murmurando, se frotaba la calva con un guante. El miedo de haberle salpicado con moco a una autoridad superior, lo lleva a disculparse sin descanso, siendo rechazado y humillado, provocándole la muerte.

“La muerte de un funcionario público” (extracto)

“En una maravillosa tarde, Iván Cherviakov, sentado en la segunda fila de butacas, miraba la obra de teatro Las campanas de Corneville. Pero, de pronto se le arrugó la cara, los ojos se le pusieron en blanco, se le detuvo la respiración, se inclinó y … ¡¡achís!! Estornudó. Cuando miró a su alrededor vio que un vejete sentado frente a él se frotaba cuidadosamente la calva y el cuello con un guante y decía algo entre dientes. Cherviakov reconoció que el viejecito era al general Brizhálov, alto funcionario del Ministerio de Comunicaciones.”

Una y otra innecesaria disculpa

«¡Lo he salpicado!» —pensó Cherviakov— Tengo que pedirle disculpas». Se inclinó hacia el general y le susurró al oído: Le pido disculpas, excelencia, lo he salpicado … no era mi intención. No es nada, no es nada —dijo el general— Cherviakov, turbado, sonrió estúpidamente y se dispuso a mirar la escena, pero comenzó a martirizarle cierto desasosiego. En el entreacto se acercó a Brizhálov, se paseó a su lado y venciendo la vergüenza que sentía, balbuceó: Lo he salpicado, excelencia… Discúlpeme. —¡Ni me acordaba del asunto, y usted sigue con lo mismo! Dijo el general moviendo impaciente el labio inferior.”

Torturado por la culpa murió uniformado en el sofá

“En casa, su mujer le dice, ve a pedirle disculpas. Si no, pensará que no sabes comportarte en público. Al día siguiente Cherviakov se puso el uniforme nuevo, se fue a cortar el pelo y marchó a ver al general para darle una explicación. Dio un paso hacía él y balbuceó: ¡Excelencia! Si me atrevo a importunarle es precisamente porque me siento arrepentido, puede creerme. ¡No ha sido adrede, le ruego me crea!

—¡Fuera de aquí! — bramó el general, de súbito lívido y tembloroso.

—¿Cómo? -preguntó Cherviakov en un susurro, aturdido de espanto.

—¡Fuera de aquí! —volvió a aullar el general pataleando.

Cherviakov notó que algo se le había roto en las entrañas. Sin ver nada y sin oír siquiera, retrocedió hacia la puerta, salió a la calle y echó a andar medio a rastras. Al llegar como un autómata a su casa, se tumbó en el diván sin quitarse el uniforme y … murió.”

No uno, sino muchos Cherviakov

Vivimos en una época en que advenedizos llegan a funcionarios públicos por favores políticos. Son serviles mediocres que no producen ni aportan nada que pasan el tiempo maleteando a los demás y mendigando una dirección al gobernante de turno. Consecuentemente son unos despreciables: lisonjeros, obsecuentes, serviles, zalameros, lambiscones, cortesanos, alcahuetes, complacientes, oportunistas, rastreros, chupamedias, sumisos, sometidos, lacayos, babosos. Ubicados en el octavo círculo, segunda fosa del infierno de Dante Alighieri, que castiga a los aduladores y lisonjeros sumergiéndoles eternamente en excrementos humanos.

Fuentes consultadas:

Google. Ciudad Seva. https://www.ciudadseva.com
Google. Literatura. https://www.literatura.us
Google. Blogger.com https://www.blogger.com
Google. Letras Libres. https://www.letraslibres.com
Aligiere, Dante. La divina comedia. Océano. 2015

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