Rubén Darío tituló “El palacio del sol”, a un cuento breve y delicado sobre el despertar febril de la juventud y, el apetito de Berta (la protagonista), por saborear con urgencia las dulzuras del sexo opuesto. Fue publicado en “Azul” (1888) cuando tenía 20 años.
Sobre el autor
Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Nicaragua 1867 – 1916). Poeta y escritor representante del modernismo literario. En su poesía erótica no hay una sola amada ideal, sino muchas amadas pasajeras. Así lo explica:
Plural ha sido la celeste / historia de mi corazón.
Publicó: Azul(1888), Prosas profanas y otros poemas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905).
Sobre el cuento “El palacio del sol”
Con hadas y viajes delirantes, Rubén Darío trata metafóricamente la angustia de una joven adolescente alborotada con los cambios hormonales que le van convirtiendo en mujer, hasta calmar sus deseos disfrutando con jóvenes de la misma edad, cuando en un viaje fantástico un hada le lleva al palacio del sol.
“El palacio del sol” (extracto del cuento)
“Cumplidos sus quince años, Berta empezó a entristecer, en tanto que sus ojos llameantes se rodeaban de ojeras melancólicas, por lo que sus padres llamaron al doctor que diagnosticó que ello era natural en su edad, indicando a la mamá: dad a vuestra niña glóbulos de ácido arsenioso, luego, duchas. Pero a pesar de todo, las ojeras persistieron, la tristeza continuó, y Berta, pálida como un precioso marfil, llegó un día a las puertas de la muerte. Todos lloraban por ella en el palacio, y la sana y sentimental mamá hubo de pensar en las palmas blancas del ataúd de las doncellas.”
Un hada le lleva al palacio del sol
“Hasta que una mañana, la lánguida anémica bajó al jardín, sola, a la hora en que el alba ríe. Suspirando, erraba sin rumbo y vio un lirio que erguía al azul la pureza de su cáliz blanco, estiró la mano para cogerlo, no bien había tocado el cáliz de la flor, cuando de él surgió de súbito un hada en un carro áureo y diminuto, vestida de hilos brillantísimos e impalpables. Berta se reanimó como por encanto, y preguntó al hada: ¿Tú eres la que me quieres tanto en sueños? Sube, respondió el hada. Y las flores, la luz del día, vieron cómo en el carro del hada iba Berta plácida y sonriendo al sol. Viéndose en el carro del hada, Berta preguntó: ¿Y adónde me llevas? Al palacio del sol contestó el hada.”
En el palacio se le llenaron las venas de fuego
“Cuando llegó al palacio encantado sintió Berta que se le llenaron las venas de fuego y que se ponía más elástica y tersa su delicada carne de mujer. Luego vio que otras tantas anémicas como ella, llegaban pálidas, entristecidas y se arrojaban en brazos de jóvenes vigorosos y esbeltos, y danzando con ellos en una ardiente estrechez caían sobre cojines de seda con los senos palpitantes soñando en cosas embriagadoras… Y ella también, bailó entre los espasmos de un placer agitado mirando al hermoso compañero que la arrastraba hablándole al oído con lengua amorosa. Y entonces sintió que su cuerpo y su alma se llenaban de sol, de efluvios poderosos y de vida. Pasado el encanto, el hada la volvió al jardín de su palacio, sana, envuelta en una oleada de perfumes.”
Un acertado consejo de Rubén Darío
“Para vosotras, madres de muchachas anémicas, va la historia de Berta, la niña de los ojos color de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la princesa de un cuento azul. Pero, en verdad os digo: es preciso, en provecho de las lindas mejillas virginales, abrir la puerta de su jaula a vuestras avecitas encantadoras, sobre todo en la primavera, cuando hay ardor en las venas y mil átomos de sol abejean en los jardines sobre las rosas entreabiertas. Es de El palacio del sol, de donde vuelven las niñas como Berta; luminosas como un alba, gentiles como la princesa de un cuento azul.”
Bibliografía:
Rubén Darío. Azul. Biblioteca Mundial Sopena. Buenos Aires (1949)



