Posee memoria institucional, conocimiento territorial y una experiencia histórica que demostró que, aun en escasez de recursos, la articulación entre autoridades, personal sanitario e instituciones con la comunidad es clave.
Por: Médico, Neptalí Santillán
La actual crisis del dengue en la región no ocurre en un territorio sin memoria. Durante la década de 1990, la zona acumuló una vasta experiencia de prevención y control que quedó plasmada en la publicación Dengue en San Martín: seis años de experiencias, editada en 1998 por la Dirección Regional de Salud de San Martín. Recuperar esa historia resulta vital, pues problemas como las deficiencias en el abastecimiento de agua, el almacenamiento domiciliario, la acumulación de inservibles y el acelerado crecimiento urbano siguen estando vigentes. La principal enseñanza de aquel periodo es clara: el dengue no se controla únicamente desde los establecimientos de salud ni mediante fumigaciones episódicas, sino con vigilancia permanente, conducción sanitaria, organización territorial, acción intersectorial y movilización organizada de la población.
El vector Aedes aegypti reingresó a la Amazonía peruana en 1983 y para 1990 ya causaba brotes de dengue clásico en la región. Durante esa década, los años 1990, 1993 y 1996 registraron la mayor actividad epidémica. Aunque en 1991 y 1992 descendieron los casos, existió un claro subregistro debido a que emergencias como el cólera y el sarampión desviaron recursos. Esto dejó una gran advertencia: cuando se debilita la vigilancia epidemiológica por atender otras prioridades, el dengue no desaparece, solo se reduce la capacidad de anticiparlo. Para responder a esta amenaza, la región pasó de un enfoque puramente sectorial a un control vectorial integrado que combinó la fumigación, el tratamiento focal, la eliminación de criaderos y la educación sanitaria. Una de las acciones más eficaces fueron las campañas masivas de recolección de inservibles; tan solo entre mayo y junio de 1996 se realizaron 18 campañas de recojo y eliminación de depósitos inservibles.

Un caso emblemático ocurrió en Juanjuí durante 1996. Antes de la intervención integrada, la ciudad registraba un índice aédico del 21 %, pero una semana después de aplicar de forma simultánea fumigación, tratamiento focal y recojo de criaderos, la cifra cayó estrepitosamente al 1 %. Asimismo, la experiencia en Tarapoto demostró que el incremento del índice vectorial debe funcionar como un sistema de alerta anticipada y no como una estadística posterior a la epidemia. La respuesta involucró activamente al Gobierno Regional, gobiernos locales, Sector Educación, Universidad Nacional de San Martín, Defensa Civil, Policía Nacional, Fuerzas Armadas, Sector Agricultura, organizaciones comunitarias y los medios de comunicación, transformando el combate a la enfermedad en un compromiso colectivo.
Frente al escenario presente surge una interrogante inevitable: si la región construyó esta capacidad hace tres décadas, ¿por qué vuelve a sufrir severamente por esta enfermedad?
La respuesta radica en que cuando una experiencia exitosa no se institucionaliza, el conocimiento acumulado se pierde con el cambio de autoridades y personal. San Martín cuenta con herramientas modernas como la georreferenciación y mejores laboratorios, pero ninguna tecnología sustituye la fórmula histórica: conducción política, capacidad técnica, vigilancia continua, saneamiento ambiental y participación comunitaria.
Recuperar esta memoria sanitaria no es un ejercicio de nostalgia, sino una necesidad urgente para convertir la lección histórica en una política pública permanente y no repetir los errores del presente.


