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La Amazonía no puede seguir esperando: El otro mandato que dejaron las urnas

Mientras el país debate quién gobernará los próximos años, millones de amazónicos recuerdan que existe una deuda histórica que trasciende cualquier elección. Es tiempo de hacernos escuchar y exigir que el futuro del Perú también se construya desde la Amazonía.

Las elecciones pasan. Los candidatos cambian. Los gobiernos se suceden unos a otros. Pero hay realidades que permanecen intactas durante décadas. Una de ellas es la situación de la Amazonía peruana, ese inmenso territorio que representa el 61 % del territorio nacional y que, pese a su enorme importancia ecológica, económica y cultural, continúa ocupando un lugar secundario en las prioridades del poder central.

Esta semana, el país despertó con una certeza difícil de ignorar. La segunda vuelta electoral dejó al descubierto un Perú profundamente dividido. Los resultados preliminares difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) muestran una contienda extremadamente ajustada entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, reflejando una ciudadanía fragmentada en dos grandes corrientes de opinión. Más allá de quién termine ocupando el sillón presidencial, el mensaje que han enviado las urnas es claro: el próximo gobierno tendrá la responsabilidad de construir consensos y gobernar para todos.

Sin embargo, mientras la atención nacional se concentra en la disputa política y en los desafíos de la gobernabilidad, existe una pregunta incómoda que merece ser planteada: ¿dónde quedó la Amazonía durante esta campaña electoral?

La respuesta es preocupante. Una vez más, las principales urgencias amazónicas apenas encontraron espacio en los discursos de los candidatos. Temas como el acceso al agua de calidad, la expansión de los servicios básicos, la protección de las cabeceras de cuenca, la lucha contra la tala ilegal, el control de actividades extractivas que degradan el territorio y la conservación de los bosques amazónicos permanecieron prácticamente ausentes del debate nacional.

No se trata de una omisión casual. Responde a un problema estructural mucho más profundo: el persistente centralismo político y económico que históricamente ha reducido a la Amazonía a una simple reserva de recursos naturales. Durante décadas, la mirada oficial ha privilegiado el aprovechamiento inmediato de materias primas antes que la construcción de un modelo de desarrollo sostenible que garantice bienestar para sus habitantes y protección para sus ecosistemas.

La lógica ha sido casi siempre la misma: extraer hoy y resolver mañana. Pero ese mañana nunca llega. Mientras los recursos salen de la selva, las comunidades continúan enfrentando carencias básicas, brechas de infraestructura, limitaciones en salud y educación, y una débil presencia del Estado. A ello se suman las crecientes amenazas derivadas del cambio climáticola deforestación y la presión sobre territorios cada vez más vulnerables.

Paradójicamente, el mundo reconoce cada vez con mayor claridad el valor estratégico de la Amazonía. Los bosques amazónicos cumplen una función fundamental en la regulación climática global, la conservación de la biodiversidad y la seguridad hídrica. Sin embargo, dentro de nuestras propias fronteras, la región sigue luchando para que sus demandas sean escuchadas con la atención que merecen.

La enorme extensión territorial, la dispersión poblacional y la distancia geográfica han servido durante años como argumentos para justificar la falta de intervención estatal. Pero la realidad demuestra que el problema no es la distancia, sino la ausencia de voluntad política. Cuando existe decisión, los recursos aparecen y las soluciones se ejecutan. Cuando no existe, la Amazonía vuelve a quedar relegada a los márgenes de la agenda nacional.

Por eso, el llamado a construir consensos que hoy domina el escenario político debe tener un alcance mucho mayor. No basta con tender puentes entre partidos, líderes o grupos de poder. Los consensos que el Perú necesita también deben incorporar las voces de las regiones, de los productores, de los pueblos indígenas, de las organizaciones sociales y de quienes habitan los territorios que históricamente han sido ignorados por las decisiones tomadas desde Lima.

Resulta positivo que tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez hayan expresado su disposición a respetar los resultados oficiales emitidos por los organismos electorales. Es una señal saludable para la democracia. Pero el verdadero desafío comienza después del conteo final. La gobernabilidad no se construye únicamente respetando las reglas electorales; se fortalece escuchando a quienes durante años han permanecido fuera de las prioridades del Estado.

En regiones como San Martín, esa demanda es particularmente evidente. Miles de ciudadanos esperan respuestas concretas frente a problemas que no admiten más postergaciones. Esperan políticas que protejan las fuentes de agua, impulsen la producción sostenible, fortalezcan la conectividad, mejoren los servicios públicos y promuevan oportunidades económicas compatibles con la conservación de los bosques.

Las voces que emergen desde los ríos, las comunidades nativas, los centros poblados y las ciudades amazónicas también votaron. También participaron de esta jornada democrática. También forman parte del mandato ciudadano que el próximo presidente recibirá al asumir el gobierno. Ignorarlas sería desconocer una parte esencial del país.

Las elecciones terminarán. Los titulares cambiarán. La polarización política eventualmente dará paso a nuevas coyunturas. Pero las urgencias de la Amazonía seguirán allí, esperando decisiones que no pueden continuar aplazándose. Por eso, este es el momento de recordar que el futuro del Perú no se define únicamente en los grandes centros urbanos ni en los pasillos del poder. También se juega en los bosques, en las cuencas, en las comunidades y en las regiones que sostienen buena parte de la riqueza natural del país.

La Amazonía ha esperado demasiado tiempo. Hoy, más que nunca, es tiempo de hacernos escuchar. Por: Beto Cabrera Marina

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