En estos momentos tan difíciles de intensas batallas materiales, culturales y espirituales en todos los planos, es crucial mirar el faro que a través de las neblinas nos permita seguir bregando para salir triunfantes de estas tormentas y llevar a buen puerto a nuestra sociedad. Es preciso mirar más allá del materialismo abyecto que infecta todas las instituciones hundiéndolas en la corrupción, para sacar a la humanidad de esa decadencia que nos hunde …
Ejemplo de esos faros son las Enseñanzas Prístinas de la Gran Tradición Iniciática a través de la milenaria MAGNA FRATERNITAS UNIVERSALIS en las palabras de sus más insignes Maestros (www.magnanet.org) de quienes leemos:
“La decadencia de la civilización materialista demuestra, sin asomo de duda, el monstruoso error en que incurren aquellos para quienes la religión y el espíritu religioso, era en general “el opio de los pueblos”; aquellos para quienes la vida no tiene sino un solo fin: “enriquecerse”, elevar su situación social y material; aquellos para quienes el amor al prójimo, la fraternidad, la propia perfección, el desprendimiento interior son letra muerta, u objeto de risa o, aún más, de malentendidos, discordias, y a veces de golpes. Todos estos seres están allí confundidos y atemorizados, y ante las catástrofes que se suceden sin interrupción, ante la tensión que roe y exaspera las relaciones de los humanos, se preguntan si verdaderamente no se les escapa algún valor.”
En seguida señala un mecanismo de decadencia milenario y repetitivo:
“Un fenómeno se reproduce siempre en estos gobiernos y su repetición ha llamado la atención: que la decadencia de la civilización comenzaba a partir del momento en que la idea religiosa y la dirección religiosa eran excluidas del poder.”
“Los primeros que se relajaron fueron los principios morales; no estando sometidos a reglas de ayuno, ablución, abstinencia, disciplina interior, rápidamente se corrompían las costumbres. El equilibrio y el espíritu de sabiduría abandonaban poco a poco a los pueblos y a sus dirigentes; las naciones guerreaban minando así la estabilidad del orden económico y social, y en poco tiempo la fortaleza material y social, intelectual y espiritual del momento que conducía al mundo, se hacía pedazos abriendo ampliamente las puertas a las invasiones militares sin defensa moral, sin dígito indicador ante las tentaciones y psicosis que se apoderaban del alma colectiva del país.”
“¿Y a qué asistimos (…) sino a un ejemplo de este tipo?”
“Sabe que en los últimos días habrán tiempos difíciles. Pues los hombres serán egoístas, amigos del dinero, fanfarrones, soberbios, blasfemadores, rebeldes a sus padres, ingratos, irreligiosos, insensibles, desleales, calumniadores, intemperantes, crueles, enemigos de la gente de bien, traidores, arrebatados, hinchados de orgullo, amando el placer más que a Dios…” (II Timoteo, Cap. 3, ver. 1 a 5).”
“Hemos creído que las necesidades del hombre se limitaban a las manifestaciones exteriores, y por eso expresamente ha sido borrada de la preocupación de los conductores de naciones, toda aspiración del sentido estético, ético y espiritual, sin darse cuenta de que es una verdadera mutilación. Y estamos sorprendidos de no poder seguir viviendo en el verdadero sentido de la palabra. La vida responde siempre del mismo modo cuando nos damos a transformaciones de sustancia sin consultarla: ella se debilita.”
“Es exactamente lo que está sucediendo en el mundo actual. Sin aprovechar la experiencia del pasado, hemos cortado sin escrúpulo alguno toda la vida religiosa e interior de nuestras existencias; la mística de antiguas autocracias y teocracias ha sido suprimida dejando un vacío que no sabemos con qué llenar y en el cual vienen a alojarse todos los virus por los cuales morimos.”
“Lo primero que hay que hacer es conciencia de nuestra dignidad de hombres, de Hijos de Dios, con todas las elevaciones y deberes de tal estado. No traicionemos más nuestro origen y nuestra vestidura de Luz; no podremos continuar viviendo en tales condiciones.”
“Muchas personas, después de los años terribles y dolorosos en los cuales hemos vivido y continuamos viviendo, se están dando cuenta de que estábamos atrofiados y que nuestros males provenían de nuestra irreligión.” (Raynaud,1948)
Esto se complementa con lo que señala el Abad Louis Constant:
“Vivimos en un siglo donde, más que nunca, la familia es incomprendida en sus aspectos más augustos y sagrados: EL INTERÉS MATERIAL MATA LA INTELIGENCIA Y EL AMOR; LAS LECCIONES DE LA EXPERIENCIA SON DESPRECIADAS Y LAS COSAS DE DIOS SE NEGOCIAN. LA CARNE INSULTA AL ESPÍRITU Y EL FRAUDE SE BURLA DE LA LEALTAD. YA NO HAY IDEALES, NI JUSTICIA: LA VIDA HUMANA SE HA VUELTO HUÉRFANA POR PARTIDA DOBLE.”
“LA RELIGIÓN SE VUELVE UNA POLÍTICA Y UNA INDUSTRIA, las almas de la elite se separan de ella y se refugian en la ciencia, y a fuerza de escudriñar y analizar la materia, la ciencia acabará por encontrar a Dios y forzará a la religión a volver en sí. Las groserías teológicas de la Edad Media resultarán tan evidentemente imposibles, que hasta parecerá ridículo combatirlas. ENTONCES LA LETRA DARÁ LUGAR AL ESPÍRITU Y LA GRAN RELIGIÓN UNIVERSAL SERÁ RECONOCIDA POR PRIMERA VEZ EN EL MUNDO.”
De ahí que entendemos esta sentencia tan lúcida:
“Ateísmo, anarquismo, socialismo, comunismo, cristianismo, teosofismo, espiritismo, todas las doctrinas son manifestadas al mundo pero sin poder ninguna resolver los problemas porque mientras el materialismo sea el que venga a ofrecer la “receta” la humanidad decididamente no podrá evolucionar en forma verdadera.” (Raynaud, 1952)



