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Perdona mi tardanza, perdona al andariego

Álvaro Carrillo, compositor de canciones como: “Luz de luna”, “Se te olvida”, “Amor mío”, “Sabor a mí”, a los 19 años procreó una niña que nació prematura y falleció a pocos días de nacida. Producto de esta tragedia compone el vals “El andariego”.

Sobre el autor

Álvaro Genaro Carrillo Alarcón (México 1919 – 1969), afrodescendiente, conocido como Álvaro Carrillo, quedó huérfano de madre y padre a los ocho años de edad siendo su madrastra Teodora Alarcón quien lo protegió. Compuso más de 300 canciones. En 1960 “Sabor a mí” era la canción más popular. Yoshiro Hiroshi la hacía famosa en Japón. “Se te olvida” bajo el nombre Yellow Days lo grabaron en inglés: Frank Sinatra, Percy Faith y Carmen Cavallaro. Álvaro falleció el 3 de abril de 1969 a los 49 años en un accidente automovilístico.

Sobre la canción, “El andariego”

En sus andanzas de bohemio a los 19 años se enamoró de una meretriz de 42, procreando una bebé que nació prematura requiriendo de tratamiento médico para sobrevivir. Para juntar el dinero trabajó doble turno como mesero en bares y restaurantes, sin embargo la niña murió. El compositor postrado ante la tumba de la pequeña le dedicó estos versos: Perdona mi tardanza, te lo ruego, perdona el andariego que hoy te ofrece el corazón… Naciendo así “El andariego” uno de los valses más conmovedoras del compositor mexicano evocando su vida de bohemio y caminante sin ataduras.

“El andariego” (letra de la canción)

Yo que fui del amor ave de paso

yo que fui mariposa de mil flores,

hoy siento la nostalgia de tus brazos,

de aquellos tus ojazos…

de aquellos tus amores.

Ni cadenas ni lagrimas me ataron,

más hoy siento la calma y el sosiego;

perdona mi tardanza, te lo ruego,

perdona al andariego

que hoy te ofrece el corazón.

Hay ausencias que triunfan

y la nuestra triunfó,

amémonos ahora con la paz

que en otros tiempos nos faltó.

Y cuando yo me muera,

ni luz, ni llanto, ni luto

ni nada más…

¡Ay! junto a mi cruz,

tan solo quiero paz.

Sólo tú corazón, si recuerdas mi amor,

una lágrima llévame por última vez,

y en silencio dirás una plegaria

y por Dios, olvídame después.

Alpaquitay, alpaquitay, alpaquitay,

Cuando hice escuchar El Andariego a jóvenes nacidos los años 2,000 a 2,010, comprobé que no les causó mayor emoción como cuando escucharon Linda wawita de William Luna y Alpaquitay de Pelo D´Ambrosio. Ahí corearon emocionados: “Al recorrer tu carita bonita, cierro los ojos y sueño que estás conmigo… linda wawita” “Prométeme, que mía serás, alpaquitay, alpaquitay, alpaquitay. Mi corazón, tuyo será”. Todo cambia con los que nacieron los años 70 y 80, que sienten las baladas de Camilo Sexto, José José, José Luis Perales. Mención aparte merecen los jóvenes que leen a García Márquez y Bukowski; ellos se emocionan intensamente con la nueva trova de Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Alberto Cortez, Joaquín Sabina.

El romanticismo actual

¿Los jóvenes de hoy son románticos?, es pregunta ociosa, ¡Sí son románticos y se enamoran!, pero con fecha de caducidad. Gran diferencia con los románticos de antaño que consideraban “la prueba del amor” como “amor y fidelidad eterna”, punto de partida al futuro matrimonio. Para ellos esa “prueba” no existe porque tienen criterios mucho más flexibles sobre la trascendencia del sexo en la relación, y al parecer, la única prueba importante es la “prueba de embarazo”. Por la amplitud del tema, cierro la nota citando a Cortázar que dice en Rayuela: “Una cosa es la música que puede traducirse en emoción y otra la emoción que pretende pasar por música.

Fuentes consultadas:

Google. Excelsior. http://www.excelcior.com
Google. El universal. http://www.eluniversal.com
Google. Piezi. http://piezi.com
Cortázar Julio. Rayuela. Editorial Sudamericana. España. 1963

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