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martes, abril 16, 2024

Gonzalo Villavicencio Aguilar: un ser humano sin igual

Hoy lunes 25 de marzo de 2024 se cumplen 29 años de ese fatídico viernes cuando en el entonces campo de aterrizaje de la ciudad de Picota la avioneta que acababa de aterrizar al llegar a su zona de estacionamiento patinó en el césped mojado y dio un salto imprevisto haciendo que las aspas de la hélice agarraran a Gonzalo Villavicencio Aguilar segándole la vida instantáneamente, Se había consumado la tragedia. Gonzalo era presidente del Consejo Transitorio de Administración Regional (ex Corporación de Desarrollo de San Martín -Cordesam).

Conocí a Gonzalo Villavicencio cuando cierta mañana de 1990 llegó a mi oficina del Banco Agrario, en Tarapoto. Al acercarse con toda humildad y respeto, dijo: “Tengo el gusto de saludarle ingeniero Gallegos y he venido a pedirle un servicio. Me dijeron que solo usted podría solucionar mi problema”, dándome detalles de su apremiante caso. Hasta ese momento no había tomado asiento, pues por lo imprevisto del instante no me había dado tiempo de invitarle a tomar asiento. Instantes después procedí a escribir una nota al que le imprimí mi sello de Jefe de Créditos y Promoción del Banco Agrario, y se retiró. Dos días después retornó a expresarme su gratitud por lo hecho. En el año de 1992 me invitaría a gerenciar el Fondo de Desarrollo Agrario, y al recibirme en su despacho de Director Regional de Agricultura, días antes de asumir la presidencia de la CORDESAM, me recibió con esta frase inolvidable: “Quien siembra cosecha”.

Nunca la región San Martín tuvo un político y funcionario de la calidad humana de Gonzalo Villavicencio Aguilar. Un hombre que, más que preocupado por los procedimientos, se interesó de modo sincero en la gente, con la calidez y el afecto de los seres superiores, preocupándose por sus problemas y desempeños. Veinte y nueve años después de ese trágico suceso, el personal del Gobierno Regional y de la Dirección Regional de Agricultura lo recuerda por su personalidad totalizadora y que promovía el clima laboral y una cultura organizacional sólida haciendo que todos quienes trabajaban en su entorno se sintieran felices y marcharan al ritmo de los objetivos de su gestión política y administrativa.

Con Absalón Vásquez Villanueva, entonces ministro de Agricultura, formaron un equipo de trabajo encaminado a fortalecer el desarrollo del agro a partir de los propios actores: los agricultores. Esto es: se les dio a los agricultores las herramientas y la oportunidad de desarrollarse por sí solos fortaleciendo la asociatividad. Ahí estaban las empresas de productores y las empresas comunales; la propuesta de la Caja Rural por el que nos jugamos enteramente. Nunca antes un ministro y una autoridad regional estuvieron tan comprometidos con el desarrollo del agro regional: el Estado proponiendo las políticas y, los actores para que las ejecutaran. Pero los actores fallaron imperdonablemente.

La vida de Gonzalo Villavicencio Aguilar es un modelo a seguir: cómo se gestiona la política y las instituciones, donde la confianza y el mérito son los valores fundamentales, y los “lideres” deberían aprender de este ejemplo. Una conducta y hábitos como el de Gonzalo no ha vuelto a repetirse. (Comunicando Bosque y Cultura).

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