Una mujer que ha sufrido violencia sexual no suele llegar primero a una comisaría ni a una fiscalía. Muchas veces llega a la puerta de Emergencia de un hospital, con dolor, con miedo, con vergüenza y con la duda de si alguien le creerá. Lo que ocurra en esa primera hora puede marcar la diferencia entre una víctima protegida y una víctima a la que el propio sistema vuelve a dañar.
Por eso quiero destacar las dos jornadas de capacitación en Prevención y Atención de la Violencia de Género que recibió el personal de Emergencia del Hospital II-E Banda de Shilcayo, convocadas por la Jefatura del Departamento de Medicina. El propósito fue claro: prevenir la revictimización y asegurar que cada víctima reciba un trato con calidez, con calidad y con privacidad. Se trabajaron dos ejes inseparables: los derechos sexuales y reproductivos, y el Protocolo Base de Actuación Conjunta.
Este protocolo, aprobado por el Decreto Supremo N.° 012-2019-MIMP en el marco de la Ley N.° 30364, es de cumplimiento obligatorio. Establece que la Policía Nacional, el Ministerio Público, el Centro Emergencia Mujer y los establecimientos de salud deben coordinarse, para que la víctima no repita su historia una y otra vez ni recorra oficinas sin rumbo.
Revictimizar no siempre es un acto de mala fe. Ocurre cuando se pregunta lo mismo en cada ambiente, cuando se duda en voz alta del relato, cuando se atiende en un pasillo a la vista de todos o cuando se hace esperar sin explicación. Cada uno de esos gestos reabre la herida.
La calidez significa escuchar sin juzgar, llamar a la persona por su nombre y explicarle cada paso antes de realizarlo. La calidad exige que la atención clínica no espere a la denuncia: dentro de las primeras 72 horas, la víctima debe recibir la anticoncepción oral de emergencia y la profilaxis frente al VIH y otras infecciones de transmisión sexual, con un registro clínico cuidadoso que luego servirá a la justicia. La privacidad implica un ambiente reservado, la confidencialidad de su información y el respeto a sus decisiones sobre su cuerpo y su salud reproductiva.
Como obstetra, he aprendido que el buen trato también es una competencia que se enseña y se entrena. Capacitar al personal de Emergencia no es un trámite, es una inversión en dignidad. El reto ahora es sostener lo aprendido y convertirlo en práctica diaria en todos los turnos, para que ninguna víctima salga del hospital más herida de lo que llegó.
Si usted o alguien cercano vive una situación de violencia, no está sola. Puede acudir al establecimiento de salud más cercano o llamar gratuitamente a la Línea 100. Pedir ayuda es un derecho, y atenderla con respeto es nuestro deber.



