Walter Oswaldo Candamo Novoa, nació en Rioja el 7 de julio de 1948 y partió el 5 de julio de 2025, dejando un inmenso vacío en todos los que gozamos con el repentismo travieso, muchas veces mordaz, de su conversación. Se cumple un año de ausencia de un férreo defensor de la historia, tradiciones y costumbres de Rioja y la Amazonía.
Un maestro del arte de conversar
Luis Salazar Orsi lo recuerda así: “Walter Candamo fue un riojano, sin ninguna duda, el mejor amigo de sus amigos. Fue, además, un contertulio incomparable, un maestro en el donoso arte de conversar, —la singularidad riojana por excelencia— con historias, ocurrencias, observaciones y chascarrillos interminables, talento que motivó que sus amigos le llamaran Boquita. Era solidario y generoso con todos: familiares, amigos, conocidos y extraños; poseedor de una excelente memoria, era amable y realista (sin dejar de ser picante) para con quienes recordaba.”
Implacable contra la injusticia
Continúa Luis Salazar: “Se mostraba colérico e implacable contra la injusticia, especialmente si era empleada por los poderosos contra los débiles. Esta última característica muestra la particularidad más sobresaliente de su personalidad: la rebeldía. Walter fue un rebelde a carta cabal, que vivió a contracorriente. Ello le trajo no pocas contrariedades a través de su corta vida: 77 años; corta, señores, pues para quienes tienen el alma grande, como él la tenía, ni siquiera una centuria redonda sería suficiente. Tuve la fortuna de acompañarle en algunas circunstancias muy especiales, como cuando decidió publicar el libro Crónicas de mi Rioja (2014). A su pedido de escribir el prólogo, me quedé corto, pues sentía que no lo conocía lo suficiente como para hacerlo. Entonces le sugerí dirigirse, para ello, a uno de sus amigos de toda la vida: Edwin Rojas Meléndez, que escribió la magistral presentación que pueden apreciar los lectores que lean este libro.”
La Rioja que Walter revivió en Crónicas de mi Rioja
Es la Rioja de los años sesenta, cuando cerdos y caballos pasaban la noche en chiqueros y potreros comunales; cuando el amanecer era un concierto de chirridos de poleas de pozos artesianos sacando agua del corazón de la tierra; cuando por sus polvorientas calles caminaban: Julio Vacamuchaho, Pedro Lima, Arturo Tima, Emilio Diablo, Mamerto Shushupe, Juan Garicho. Esa Rioja de ruidosos velorios con los chistes de: Joaquín del Águila, Juan Grimaldo Cahuaza, José Vela, Ramón Vásquez, Luis Gárate, Pedro Lucero, Pedro Regalado, Juan Alberto del Águila. Todos exponentes del humor amazónico que Walter admiraba orgulloso de que, en su Rioja, nacieron y vivieron estos personajes, infaltables en su chispeante conversación en la cantina de Shamuco Cachay.
Su mayor preocupación
También lo señala en el libro textualmente: “Lo que me llevó a escribir estos recuerdos es el darme cuenta cómo nos hemos dejado envolver por las costumbres y el folklor de los migrantes trajeron de su lugar de procedencia o lugar de origen, totalmente diferente al nuestro. Todo lo escrito es con el mejor propósito de conocer el pasado y reforzar los lazos de unión que debería haber entre riojanos.”
Descansa en paz, amigo Walter
Recuerdo a Walter Candamo con misma intensidad que recuerdo a Jorge Haya (+), Napoleón Collazos (+) y Gustavo Riva (+), talentosos riojanos maestros del relato festivo de anécdotas populares con ironía fina y elegante, sin groserías ni adjetivos insultantes. Para muestra comparto “unita” nomás:
- Edwin, ese hombrecito, blanquiñosito, que va ahí… me da peeenaaa.
- ¿Por qué?
- Porque a él, le pega su mujer… más que a mí.
Rioja, julio de 2026



